El segundo macroalijo del confinamiento se eleva de 4.000 a 4.500 kilos de cocaína tras el pesaje definitivo

Las planeadoras para recoger la droga se repartían en naves en Vilagarcía, O Grove, Sanxenxo y Tomiño

Vivienda de Juan Carlos Santorum, cabecilla de la operación y fugado
Vivienda de Juan Carlos Santorum, cabecilla de la operación y fugado

vigo, vilagarcía / la voza coruña / la voz

El remolcador MV Karar dejó La Guajira con la previsión de llegar a Galicia tras 20 jornadas de singladura. El plan contaba con el dinero y las mentes adecuadas. El reparto de la flota de lanchas por el litoral pontevedrés, de Arousa a la raia con Portugal, es la mejor prueba. Vilagarcía, O Grove, Sanxenxo y Tomiño eran las bases operativas en forma de naves industriales. Cuatro fortines llenos de remolques, vehículos industriales y mucho talento para poner a punto los botes comprados, modificados o fabricados con las propias manos de los arrestados. Los mimbres necesarios en el mundo del narcotráfico para descargar el segundo macroalijo detectado durante el confinamiento en Galicia: 4.000 kilos de polvo blanco que, ya pesados en frío, se elevan a 4.500. Lo que supondría un valor aproximado, ya en la calle, que se dispara hasta superar los 150 millones de euros.

Falta por completar el análisis de las embarcaciones, al menos por parte del Servicio de Vigilancia Aduanera, que desea buscar pruebas periciales por sí mismo, principalmente en las planeadoras en esta investigación compartida con la Policía Nacional. Está por ver igualmente qué pasa con el MV Karar tras su apresamiento en alta mar y la nebulosa mercantil que lo envuelve. Concretamente a caballo entre Panamá y su eterno aliado, EE.UU. No consta rastro de su pasado en los portales especializados sobre navegación, armadoras y embarcaciones. Apenas el nombre, país, eslora y calado. Nada que despeje los fantasmas que rodean a un simple remolcador de 60 metros de eslora fabricado en 1991. Su última posición conocida se ubica hace 25 días ya con la proa orientada a Galicia. Nadie más que la investigación conoce la estela que dejó desde entonces hasta su abordaje.

En tierra se sigue buscando al considerado líder de la organización desmantelada, Juan Carlos Santórum, que suma seis días fugado en pleno estado de alarma. Un escenario que dificulta sobremanera que permanezca oculto, sobre todo al darse por hecho que la investigación está pendiente de cualquier movimiento en su entorno para facilitarle ayuda. Sus 13 presuntos socios en tierra, todos en prisión, mantuvieron la misma estrategia ante la titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Vigo y la Fiscalía Antidroga de Pontevedra. Callaron al unísono, como si lo hubieran planeado. Destaca especialmente la figura de Braulio Vázquez, considerado mano derecha de Santórum. Se puso especial interés, al preguntarle, si conoce el paradero de su amigo Santórum. Él, según parece, se encogió de hombros a riesgo de perder contraprestaciones. Luego ingresó en prisión junto a la docena de arrestados.

Análisis del patrimonio

Analizar el patrimonio de cada investigado, y su origen, será lo próximo. El último balance del Registro Mercantil aporta algo de luz. Al menos 6 de los 13 encarcelados figuran al frente de pequeñas sociedades sin actividad reciente o información actualizada desde el 2017. Santórum es el mejor ejemplo, considerado líder natural de la organización criminal tan solo consta en lo más alto de una empresa, ya disuelta, dedicada al mantenimiento y reparación de vehículos de motor. Se fundó en Vilagarcía, en el 2013, con 3.200 euros y Santórum figuró al frente hasta dejarlo con un activo de 1.528 euros. Abandonó el barco recientemente, el 17 de marzo, como si ya supiera que algo, para bien o para mal, estaba a punto de cambiar su vida.

Juan Carlos Santórum, el lanchero que descubrió el negocio a la sombra de los Charlín

J.R.
Juan C. Santórum, a la derecha de la imagen
Juan C. Santórum, a la derecha de la imagen

Fue condenado en el 2018 por sobornar a agentes de la lucha contra el narcotráfico

Fue precoz y con pretensiones. Nació en 1980, en Vilanova, y su bautismo judicial llegó, en el 2004, en la Audiencia Nacional por un alijo de 5,5 toneladas de hachís junto a Manuel Charlín Pomares, entre otros. La anulación, como prueba, de las escuchas telefónicas devolvió a Santórum, y a otros 13 acusados, a la calle. Ya en el 2014 protagonizó una huida por el Atlántico que acabó en Madeira con una planeadora de grandes dimensiones. Todo, según parece, por un alijo de 3,6 toneladas de coca que cruzaba el Atlántico.

Entonces, según investigaciones, bajo el ala de Patoco, otra ballena blanca del negocio que fallecido en accidente de moto. Pero la gran aportación de Santórum a la historia del narcotráfico, sin haber sido condenado nunca por ello, aún estaba por llegar y retrató el verdadero alcance de la mafia gallega. Santórum sobornó a dos agentes de la Guardia Civil especializados en crimen organizado para comprar información confidencial. Según sentencia, fue contratado por otros peces gordos, verdaderos destinatarios de los chivatazos y responsables de frustrar, al menos, cuatro operaciones antidroga. La Audiencia Provincial condenó a Santórum, en marzo del 2018, a dos años de cárcel que, según parece, aún no empezó a cumplir.

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El segundo macroalijo del confinamiento se eleva de 4.000 a 4.500 kilos de cocaína tras el pesaje definitivo