Julia Vaquero quiere vivir

Pese a que las ayudas siguen sin llegar un año después de denunciar sus penurias, la atleta redujo la medicación y se siente con fuerzas para transmitir sus vivencias


Tomiño

Ha pasado más de un año desde que Julia Vaquero, la mejor atleta gallega de todos los tiempos, denunció su dramática situación: malvivía con una pensión no contributiva de 365 euros y con la única ayuda del COE, que le paga los medicamentos y el tratamiento psiquiátrico. Por desgracia, la situación económica no ha cambiado y las ayudas siguen sin llegar, pero la guardesa, que se ha mudado a Tomiño, tiene más ganas de vivir que nunca. De dar carpetazo a lo que considera 20 años de calvario y de comenzar una nueva etapa en la que pueda transmitir todos los conocimientos que ha adquirido como deportista de élite y como licenciada en INEF.

«Tengo la conciencia tranquila y estoy bien, porque me estoy descubriendo, destapando y hablando de mi realidad. Me encuentro con ganas de volver a empezar, de vivir. Cuento medio siglo de vida y me queda otro tanto para hacer lo que no pude hacer, y también tengo que hacer las paces con el deporte porque mantengo una relación de amor-odio», comenta Vaquero Sousa. El comentario no solo suena a declaración de intenciones, sino a un punto de luz en la salida del túnel en que la sumió el trastorno bipolar y los avatares de su vida en las dos últimas décadas. «Estos 20 años han sido un calvario, un sufrimiento permanente» derivado de la falta de recursos, especialmente económicos. «Cuando te ves desesperada, que no tienes para comer, que no tienes un lugar en donde vivir, estás mal y tu familia sufre», relata con franqueza.

De once a tres pastillas

Pero Julia Vaquero (Chamonix, Francia, 1970) ha decidido dar un giro radical en su vida. El primero, cambiar A Guarda por Tomiño, y el más importante, comenzar a dejar de medicarse. En un año ha pasado de ingerir once pastillas diarias a quedarse con tres. «Afortunadamente estoy mucho mejor. Me siento bien, pero necesito estabilidad».

Porque el cambio a nivel personal no tiene correspondencia con su situación económica. Un año después las ayudas siguen siendo las mismas e igual de insuficientes. «Tengo la pensión no contributiva de poco más de 300 euros después de ser deportista de alto nivel y con pasado olímpico. Estoy totalmente desamparada y viviendo sin recursos». Porque la ola de solidaridad inicial no se tradujo en ayudas contables. «El único que me está ayudando todos estos años es el comité olímpico, que me paga los gastos médicos y psicológicos», recuerda.

En su día del Consejo Superior de Deportes entró en su asunto, pero la burocracia parece bloquear cualquier tipo de ayuda: «Me dicen que pueden hacer por mí -comenta Julia- y yo le digo que la vivienda, algo para ir llevando el mes, pero como tengo esa pensión no contributiva dicen que no se pueden meter porque me la quitarían. Todos me dicen que no pueden hacer nada», cuestión extrapolable también a las federaciones y que ella no termina de creerse. «Tendrían que buscar una solución». La única salvedad la hace con la Xunta a través de la figura de Daniel Benavides, y con miras al deporte formativo y escolar.

Ella, ahora que ha recuperado la sonrisa, quiere ser en la vida igual de combativa que era en el campo a través o en la pista, y en los servicios sociales de Tomiño ha encontrado una puerta abierta que la escucha. «Lo que quería era estar tranquila y en paz. Estoy intentando buscar un trabajo, pero si no tengo estabilidad económica y emocional no puedo. Tengo 48 años y debo empezar desde cero», porque dedicarse en cuerpo y alma al deporte la obligó a renunciar a todo. «El deporte te quita los mejores años de tu vida. No te deja crecer y todavía tengo mucho por aprender, pero creo que ya sé por dónde dirigir el camino después de haber tropezado 40.000 veces». La anorexia, la bulimia y la presión forman parte de su historia pero ya no son su mochila.

Liberada de esa pesada carga, el primer paso considera que sería contar con una vivienda, el punto de arranque para a continuación adentrarse en el mundo laboral. «Me siento bien, pero necesito estabilidad y para eso preciso una vivienda para poder compartir todos los conocimientos que tengo adquiridos como deportista de alto nivel y licenciada en INEF». Y de paso para reconciliarse con el deporte y tener la vida que le ha faltado durante casi medio siglo. «Ahora quiero compartir y disfrutar de mis amigos, de mi hija y de los amigos de mi hija. Yo me considero una persona sencilla, muy humana y muy cercana». Algo esencial cuando se trata de recuperar el tiempo perdido.

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