El Verdugo puede presumir de cañón

Siguiendo el curso del río el caminante encuentra playas, embalses y puentes imposibles

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El inicio de nuestra ruta, a la que accederemos por la carretera EP0206 (Soutomaior), parte desde el famoso puente colgante sobre el Verdugo, tan bonito como complicado si padecemos vértigo. Pero lo realmente interesante lo encontraremos pasada la pequeña playa fluvial, en la que las charcas estacionales que deja la crecida del río son un auténtico hervidero de anfibios. Partiendo de allí avanzamos por el sendero de pescadores río arriba y llegaremos a la minicentral hidroeléctrica del río.

La central propiamente dicha nos queda casi un centenar de metros hacia abajo. Desde nuestra perspectiva vemos la canalización de agua que, por presión descendente, consigue mover las turbinas. Estas minicentrales tienen la ventaja de ser eficientes en el aprovechamiento de pequeñas cantidades de agua y el inconveniente de que contribuyen a cargarse los pocos ríos que, por su escaso caudal, nos quedaban libres de macrocentrales.

Este tramo de la senda deja de ser un sendero de pescadores y discurre literalmente sobre la canalización que abastece de agua a la central, por el que caminaremos cómodamente. Nuestra ruta nos permitirá comprobar otra de las funciones de los bosques de ribera, su eficaz papel como cortafuegos. Lo podremos verificar a nuestro alrededor, en donde se aprecian todavía los efectos de antiguos incendios.

El Vedugo no es el Sil, pero igualmente nos sorprenderá como la paciencia y perseverancia del agua consiguió excavar un profundo cañón entre las rocas graníticas. Estas paredes inaccesibles son el hábitat de infinidad de especies rupícolas, que viene siendo eso, que viven en las rocas; de flora y fauna y, así, llegaremos a la Ponte do inferno (crucen rapidito si tienen vértigo) que desemboca en el único punto complicado del trazado. Son apenas veinte metros de desnivel, pero requieren paciencia si tenemos problemas de movilidad.

No se preocupen si la dificultad es excesiva, este lugar es excelente para descansar e iniciar el regreso, no sin antes hacer un ejercicio de paciencia y silencio que puede ser recompensado con el premio de ver a un azor cruzando el cañón fluvial, o a un gavilán, un águila ratonera, o a las tres especies a la vez.

Si se animan a hacer esa modesta escalada final llegarán al territorio de las nutrias, aunque como son nocturnas es complicado verlas, pero andan por allí. Desplazadas por la ocupación que hicimos de sus hábitats originales (desembocaduras y litoral), se vieron obligadas a remontar los ríos para refugiarse en sus cursos medios y altos buscando las zonas más inaccesibles.

La inaccesibilidad que contemplamos en el río es la clave de nuestra ruta. Este tramo del Verdugo representa todavía, con matices, un territorio relativamente salvaje para la naturaleza, una isla amenazada sin ir más lejos por la propia ciudad de Vigo.

Esta vertiente entre el Verdugo y el Oitavén sigue estando en el punto de mira municipal como lugar desde el que canalizar ambos cauces para abastecer de agua a la ciudad en caso de sequía. Parece que se prefiere destrozar estos ecosistemas (protegidos) antes que evitar derrochar agua en fuentes ornamentales o modificar tarifas de suministro absurdas que incentivan el derroche.

De momento, siguen ajenas a esta amenaza las especies que remontan el río. En esto del remonte entran truchas y salmónidos varios, que acuden con esfuerzo a poner sus huevos en las zonas más altas del cauce.

La escalada fluvial, muy complicada en circunstancias normales, se vuelve imposible al encontrarse con presas y embalses. El dato resulta pertinente porque estamos llegando al final del camino, el embalse de Silvoso, o presa do inferno, donde veremos en su margen izquierdo, para facilitar la acensión piscícola, unas escalas de remonte en forma de pequeñas cascadas.

No recomendamos que intenten llegar al borde de la presa. La pasarela metálica de acceso está muy deteriorada y oxidada y tampoco se trata de culminar la expedición recibiendo una vacuna antitetánica.

Fento real para males de articulaciones

El fento real (Osmunda regalis) recibe tan tremendo nombre por ser uno de los mayores helechos de Europa. Hasta hace poco muy abundante hoy resulta cada vez más escaso. Vive asociado al cauce de los ríos y antiguamente sus rizomas eran utilizados en medicina popular para tratar problemas de las articulaciones. En las culturas eslavas se afirmaba que ayudaban a entender el idioma de los árboles.

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