La cueva de Salvaterra que te permitía saltar a una sala llena de oro
SALVATERRA DE MIÑO
Brenda Domínguez, de la asociación Terra Grovii, cuenta la historia que se esconde en las inmediaciones del castro de Penedos dos Mouros
24 mar 2026 . Actualizado a las 20:48 h.La cultura popular gallega, la que se conformó de historia a historia, de generación en generación, está llena de lugares entre dos mundos. «Son moi habituais os contos relacionados con espazos que marcan a fronteira entre o real e o máxico ou a vida ou a morte», indicaba a La Voz el colaborador de la asociación cultural Alén Nós de Redondela, Xosé Couñago. En Salvaterra de Miño hay varios. Uno de los más desconocidos se encuentra en el castro de Penedos dos Mouros, un nombre que evoca a los seres mitológicos gallegos a los que se les atribuían tesoros y grandes construcciones de piedra. Eran la forma que se tenía en el territorio para dar forma al origen de construcciones o formaciones naturales para las que no tenían explicación.
«Aquí, en el Penedo dos Mouros, hay una cueva escondida entre grandes piedras», dice Brenda Domínguez, de la asociación Terra Grovii, una entidad que se creó para difundir el legado y cuidar el castro. Llegar hasta la pequeña cueva requiere circunvalar la estructura del antiguo poblado castreño, que tiene en su zona grande unas grandes piedras que también esconden leyendas.
De la pequeña cueva, que también usaban vecinos de la zona para guarecer a las ovejas los días de temporal, se decía que llevaba a dos salas, una de ellas llena de oro. Brenda explica, desde el interior de la pequeña cueva, que todavía hay un pequeño acceso a otra cavidad en la roca. «Un día metimos una cámara, pero no encontramos nada», explica Domínguez, que especula que podría existir una cueva más amplia que se haya tapado con algún desprendimiento.
En Galicia también es habitual que este tipo de leyendas estén relacionadas con grandes riquezas, normalmente con oro y con plata, pero en Salvaterra abundan por su pasado romano. El municipio y la comarca destacaron por sus grandes reservas de oro durante la época imperial. Los ingenieros romanos operaban en Salvaterra de Miño, As Neves, Salceda de Caselas, Monçao y Valença do Minho como lo hacían en las Médulas leonesas. Creaban galerías para la conducción de aguas en trabajos mineros, acopiando y reconduciendo agua para labores de ruina montium (método que usa la fuerza del agua para derrumbar extensiones de terreno, como ocurrió en las Médulas). Parte de esas minas, con el paso del tiempo, desaparecieron entre la maleza, se derrumbaron o se convirtieron en lugares de leyenda.
En el castro de Penedos dos Mouros hay otras dos leyendas destacables. Una cuenta la historia de un guardián misterioso y de dos brujas. La entrada al lugar está guardada por dos grandes piedras. Contaban los vecinos que «cuando venían al lugar con las ovejas y se refugiaban bajo los Penedos dos Mouros, las que estaban embarazadas desaparecían. Relataban que, después de buscarlas, las solían encontrar en una cueva que hay en la ladera del castro», añade Brenda, quien relata que los vecinos fueron a buscar respuesta a dos brujas. Ambas concluyeron que había un guardián en el castro, situado en la entrada de los Penedos dos Mouros ,que era el causante de estos fenómenos. Lo describían como un hombre alto, rubio, con bigote y ojos azules.
En esas dos grandes piedras de la entrada también hay dos pequeños agujeros con formas cilíndricas. Están hechos a conciencia. «Según cuentan los mayores, hubo un vecino que quería encontrar el tesoro del que hablaban. Sabía que excavando no lo iba a encontrar, así que trajo dinamita para poder volar todas las grandes piedras», explica Brenda. La leyenda dice que estuvo muy cerca, pero que, al final, no lo hizo. Solo quedaron las marcas de aquella idea que casi hace desaparecer el legado milenario del castro de Penedos dos Mouros, como pasó en otros tantos lugares de Galicia.
La asociación Terra Grovii organiza durante todo el año varios rutas para conocer el castro. Se pueden consultar en sus redes sociales.