O Val Miñor protesta por la autovía y Patos acoge a 257 refugiados de Laos

Salvaterra, As Neves y Arbo disponen de central telefónica para 1.400 líneas

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vigo / la voz

El alcalde de Redondela, Xaime Rei, iniciaba el año 1980 con un viaje a Madrid. Pretendía, entre otras cosas, obtener los respaldos necesarios para dotar a su localidad de una comisaría de policía, algo que lograría años después.

También entonces comenzaba a gestarse la futura autovía Vigo-Baiona. El trazado generó numerosos contratiempos en los ayuntamientos de Nigrán y Baiona. Se decía que costaría doscientos millones de pesetas y obligaría a expropiar 90.000 metros cuadrados. Durante todo ese año, las páginas de La Voz de Galicia fueron uno de los canales donde los vecinos afectados reflejaron sus frustraciones.

El 20 de junio, los porriñeses fueron sorprendidos por su alcalde, Gonzalo Ordóñez. Este mostraba su alegría lanzando bombas de palenque por la aprobación de las obras de reconstrucción de la casa consistorial, que había ardido unos años antes. Peor cara mostró ante el resultado tan negativo que tuvo su pugna con el alcalde de Vigo para llevar a O Porriño el nuevo hospital proyectado para el sur de la provincia.

En Salvaterra de Miño se incorporaba por fin la central telefónica automática. Tenía capacidad para 1.400 líneas. Se beneficiarían de ella los habitantes del propio municipio y también los de As Neves y Arbo.

Las maneras democráticas no acaban de cuajar en algunos plenos corporativos. Así, en Mos el alcalde requirió la presencia de la Guardia Civil para obligar a salir del pleno a dos concejales que se negaban a retirar un magnetofón. Parece ser que a alguien no le gustaba que las conversaciones quedasen nítidamente grabadas. Esa misma corporación rechaza un recurso contra la instalación en el municipio de cinco empresas importantes. Los vecinos abuchearon a los concejales que presentaron el recurso.

Aunque parezca una broma, aquel año 1980 dejó una lección de solidaridad que no tiene parangón en la actualidad. La residencia de Patos, en Nigrán, recibía nada menos que a 257 laosianos, refugiados de la terrible guerra que se libraba en su país.

Los miembros de la corporación de Cangas mostraban todo su asombro ante la orden del gobernador civil de suspender el acuerdo municipal sobre la oficialidad del idioma gallego. El poncio aludía, cómo no, a la vulneración de la Constitución.

A mediados del mes de junio, los pescadores de Tomiño impedían el trabajo de siete areneros en el río Miño. Los acusaban de provocar graves daños a sus intereses. Los pescadores de O Rosal proponían que estas empresas extrajeran la arena en la desembocadura del río, a la altura de A Guarda. Esta localidad, por su parte, iniciaba el verano con una gran ocupación hotelera y de casas de alquiler estival.

Aquel verano, mientras veinte mil personas veraneaban en las Rías Baixas bajo el formato de acampada, en la villa de Baiona el médico Román Pereiro impulsaba Atlántica 80, una iniciativa artística que mostraba la vanguardia del arte gallego del momento y que supuso toda una renovación estética.

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