El hombre de los 5.000 chistes

Hace casi veinte años pasó una depresión por la enfermedad de un hijo e hizo una hoguera con todas sus poesías e historias de humor. Ahora ha vuelto a escribir


vigo / La Voz

La creatividad vuelve a recorrer las venas de Eugenio Gil Pérez. Este hombre de 76 años es muy conocido en Teis, lugar donde reside desde que tenía 18 años, aunque nació en Salceda. Durante décadas estuvo al frente de La Clínica de las Bicicletas, en la calle Purificación Saavedra. Ha sido el mecánico por cuyas manos han pasado las bicis de varias generaciones de vecinos. Es conocido como Xil, el rey de las bicicletas. Pero Eugenio tiene otra faceta literaria menos popular porque no la prodigó mucho públicamente.

También se podría decir que es el rey de los chistes. La vena literaria fue algo tardía. No fue hasta que cumplió 40 años cuando decidió ponerse a escribir. Llegó a inventarse más de 5.000 historias de humor, que compartía con sus familiares y amigos. Pero, a raíz de una grave enfermedad cardiovascular que padeció su hijo, de la que afortunadamente logró recuperarse, le invadió una gran tristeza y un buen día decidió quemar todos aquellos papeles en una finca de Vincios. Fueron años de inspiración volatilizadas en cuestión de unos minutos. En la pira ardieron no solo chistes, sino también cientos de poesías que con el paso de los años había ido apuntando en una pequeña libreta. Se arrepiente de haberlo hecho porque asegura que había poemas muy bonitos. Eso fue en el año 2000 y, desde entonces, no volvió a escribir una sola línea. Ahora trata de recordar para recomponer aquella obra que quedó reducida a cenizas. Hace ya meses que volvió a agarrar el bolígrafo y el cuaderno para poner orden a todo aquello que se le pasa por la cabeza. Y su mente sigue siendo un hervidero de ideas. «Me interesan mucho los autores gallegos, como Álvaro Cunqueiro o Rosalía De Castro, me inspiro mucho en ellos», reconoce.

Medio año

En apenas medio año, ya ha escrito más de 700 chistes y «de vez en cuando alguna poesía», apunta. La cifra sigue en aumento porque su inspiración no descansa. Ahora ha decidido dar a conocer su obra, animado por sus vecinos y también por el hecho de que una radio nacional haya rescatado una vieja cinta de casete que regaló a un periodista nada menos que en 1994. La había grabado con un pequeño micrófono en un magnetofón de la marca Philips en su taller mecánico de bicicletas. La creación literaria siempre estuvo presente en sus ratos libres.

Nunca sale a la calle sin llevar consigo una libreta para que no se le escape niguna historia que le venga a la mente. Ahí escribe los borradores y después los pasa a limpio en un cuaderno más grande. Porque Eugenio no quiere ni oír hablar de los ordenadores y le repelen los teclados. «Gasto mucho dinero en bolígrafos, se descargan pronto. Yo no me hago a la informática. Mire como soy de antiguo que no tengo ni movil», afirma.

Si algún día publica un libro y se vende, asegura que «mi gran ilusión sería donar lo que gane para curar a los niños enfermos de cáncer». Eso sí, advierte a una posible editorial interesada que «tienen muchas faltas de ortografía». Eugenio nació en Salceda pero solo fue a la escuela hasta que cumplió los 14 años. Lo que aprendio después se lo enseñó la vida. «Fui como un pajarito que abandonó el nido antes de tiempo. Con 12 o 13 años, un compañero mío me llevó para los saltos de agua del Sil, que estaba aún construyéndose», afirma.

El buen humor siempre ha sido una de sus premisas. «En la ciudad hay mucha gente amargada y con mala leche. Lo que pretendo decirle a mis lectores es que no tiene sentido estar cabreado, que al día siguiente siempre amanece. Hay que ser positivos y llevar la vida con tranquilidad para poder estar en paz con uno mismo y con los demás», dice este vecino de la calle Alonso Ojeda.

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