«Nos pidieron ayuda para curar a una niña; no tenían ni vendas»

Cuatro amigos repartieron material básico en las zonas más desfavorecidas de Marruecos


SALCEDA DE CASELAS / LA VOZ

«Tes que elixir moi ben con quen queres facer estas aventuras». Pablo Ojea (Salceda de Caselas) lo tenía muy claro y por eso escogió a su novia, Maica Castiñeira y a otra pareja de amigos de Tui, Marcos Ledo y Marisa Lagos, para un rali solidario que les llevó por las zona más ricas pero sobre todo las más desfavorecidas de Marruecos repartiendo material escolar, ropa, calzado, medicinas, juguetes y chucherías.

En 10 días, del 23 de marzo al 1 de abril, las dos parejas del equipo A Parranda recorrieron en sus respectivos Seat Marbella unos 6.000 kilómetros desde Salceda de Caselas hasta ciudades como Tánger, Marrakech o Ouarzazate, pero también lugares como Zagora o Merzouga, donde encontraron formas de vida muy humildes. «Impresionaba ver a los niños caminar dos o tres kilómetros para ir al colegio, descalzos, con la ropa rota, pero alegres», asegura Marisa, que era la única que nunca había pisado territorio marroquí. «Reconfortaba la sonrisa de la gente, con pocas cosas que aquí nos sobran les veíamos felices», explica Maica. «Al mismo tiempo no te sientes muy bien porque ves todo lo que necesitan y lo poco que puedes aportar; es como un grano de arena en medio del desierto».

Pablo, Maica, Marcos y Marisa no estaban solos. Su viaje formaba parte del Rally Clásico del Atlas Solidario 2018 que reunió a 65 equipos de toda España. «Había zonas muy duras, y nuestros coches no pasaban. Los otros todoterrenos tuvieron que remolcarnos. Tuvimos muchas averías pero había mucha colaboración», explica Marisa. Esos problemas técnicos se llevaban mejor con dos profesionales del sector de la automoción: su novio Marcos, mecánico y Pablo, recambista. Aún así uno de los vehículos no pudo llegar hasta Salceda. «El nuestro se quedó en Jerez. Fue como si dejáramos un hijo atrás», añade Marisa, profesora y, al igual que los demás, autónoma.

«É unha proba de amor», comenta su pareja, Marcos Ledo. «No rali hai moita tensión, e pasamos 24 horas conectados para o bo e para o malo». De hecho recorrieron más distancia de la prevista, ya que tenían que compaginar la vertiente competitiva del rally con su deseo de entregar todo el material a las personas más necesitadas. «Facíamos o noso tramo e cando viamos unha familia con carencias despois volvíamos e levabámoslles cousas», comenta Marcos. Otras veces hacían paradas para entregar el material, aunque eso significara un retraso en la competición. Su máxima preocupación era que cada persona tuviera justo lo que necesitaba. «Ás veces viamos un neno ao que lle facía falta calzado pero ao mellor xa non nos quedaba, entón facíamos o posible por conseguirllo botando man dos outros equipos. Sempre mirabamos que o que lles dabamos lles servise», asegura Pablo. Los cuatro amigos coinciden en destacar la hospitalidad de los bereberes, pueblo nómada cuyos miembros «te dan de comer, te ofrecen sitio para dormir, y te dan todo lo que tienen a cambio de nada», según Marisa. «En el medio de las dunas apareció una jaima. Una señora nos pidió que curáramos a su hija, que tenía una herida en la cabeza. Le dijimos por señas que la iba a poder curar ella con agua oxigenada y vendas. Son productos básicos que los bereberes no tienen».

Del teléfono móvil «nin te acordas» asegura Pablo, aunque son pocas las zonas sin cobertura. «Podes estar no medio do deserto enterrado nunha duna e chegar un bereber auténtico que saca un Marlboro e un móbil», comenta este empresario. A Parranda pasó un año juntando material, que fue donado por amigos y conocidos, y preparando los vehículos. «Gastamos uns 2.000 euros por equipo», calcula Marcos. «A preparación do coche é un gasto a maiores que non temos contabilizado pero como eu son mecánico a obra de man sae gratis e con Pablo os recambios saen a prezo económico». Una inversión que han recuperado en dosis de felicidad.

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