Beatriz Couñago: «Vuelvo a ver a jóvenes desde 17 años que quieren formarse para trabajar»
REDONDELA
La empresa de consultoría en soldadura que fundó su padre prepara a profesionales a demanda de las firmas del metal: «Con dos meses de formación, ganan 1.600 euros»
16 jun 2026 . Actualizado a las 01:31 h.Lleva la innovación en el ADN y la detección de riesgos en el oficio. Beatriz Couñago (Redondela, 1977) es adjunta a la dirección del grupo Tesol que fundó su padre en Vigo hace cuarenta años para aportar soluciones en el ámbito de la soldadura. Igual que Fernando Couñago fue un visionario en el contexto industrial, su hija lleva años tratando de anticiparse a las necesidades del sector. Beatriz es economista y trabajó como consultora antes de codirigir Tesol y ponerse al frente de Formavigo, la división de la empresa encargada de formar profesionales para el metal. «Hay una carencia de mano de obra brutal. Falta personal en todos los puestos de trabajo», explica. Un problema que podría ir a más.
Los nuevos proyectos industriales como el del grupo automovilístico SAIC —fabricante de los coches MG— que se instalará en Ferrol, o la futura fábrica de chips fotónicos, Sparc, que se está construyendo en Vigo, serán un desafío si no se resuelve la carencia de profesionales en un sector que «está rechazando encargos por falta de personal», apunta Couñago. Aunque su labor histórica es la de formar soldadores, hace años que el metal le demanda generar otros perfiles como caldereros o tuberos. Astilleros como Freire o San Enrique han pedido a Formavigo formaciones ad hoc en las gradas para generar trabajadores que se incorporen de forma inmediata. «Con un curso de 300 horas, dos meses, puedes insertarte y con un sueldo de 1.600 euros». Quedan plazas desiertas.
Entre los alumnos hay pocas mujeres, sobre un 10 %, «pero muy buenas», y últimamente más chavales. «Vuelvo a ver a jóvenes de 17 años a 23 años que quieren tener ya un futuro y un sueldo. Suelen ser chicos que han visto que sus padres se quedaron sin empleo a partir de los 50 y que desean ser autónomos y progresar», explica Beatriz. «Ahora la oportunidad es buenísima», apunta, a la vez que detalla que basta con ser espabilado, tener algo destreza y conocimientos básicos de matemáticas.
Estudió en el centro de negocios de la antigua Caixanova y trabajó en Deloitte. Vivió en Barcelona, Londres y Nueva York. «Volver a casa me daba pereza, pero el trabajo me fue enganchando. Mi padre es un genio, un hombre adelantado a su tiempo, pero faltaba hacer crecer la empresa a nivel de gestión. Me ocupo de los presupuestos, relaciones con los bancos o proveedores». Couñago está también inmersa en aplicar la inteligencia artificial a los procesos de compras del grupo. «Ayuda a hacer previsiones y contrastar la información con la que trabajas, controlar la demanda y lo que vendes. Estamos hablando de volúmenes de millones en venta, hay que dinamizar todo eso y que no dependa solo de la cabeza», explica Beatriz. En el 2012 surgió la Fundación Formavigo con varios proyectos sociales. Entre las distintas divisiones, el grupo Tesol tiene hoy 35 trabajadores.
De vacaciones a los astilleros
Esos astilleros para los que trabaja son factorías muy familiares para ella desde niña. Couñago sabe utilizar el soplete, fruto de haberse criado en la empresa y «con el olor de la soldadura en la nariz». Recuerda con nitidez las tardes que ella y su hermana acompañaban a su padre en alguna de las paradas en estos centros industriales. Eran otros tiempos. «Nos decía: ‘Vengo en un ratín que voy a ver una cosa'. Y nosotras esperábamos en el coche». También las vacaciones familiares discurrían entre los astilleros de Asturias o Cantabria, que su padre visitaba para buscar soluciones a los problemas que surgían en estos centros. «Íbamos toda la familia en el coche y, mientras mi padre trabajaba en los astilleros en Gijón, nosotras nos íbamos a la playa con nuestra madre. La ruta la marcaba el camino al siguiente astillero», rememora Couñago, cuya vocación inicial era la de ser veterinaria.
Es una de las pocas directivas de empresas del metal en Vigo. Adjunta a la dirección, al lado de su padre y fundador de Tesol, su labor es la gestión, pero también cambiar la imagen dura de un sector que siempre se ha asociado a los hombres. «Hay que cambiar esa imagen. Es un trabajo muy bonito, las condiciones han variado mucho en los últimos años». El soldador necesita destreza, pero la parte del calderero o tubero tiene una faceta importante de desarrollo del proyecto que la economista considera muy interesante. «Se trabaja con planos e isometrías».
La Fundación de Formavigo da acceso a la formación a personas que no pueden entrar en los cursos por la vía ordinaria, para lo que es imprescindible tener el título de ESO. Su hermana Fernanda está al frente de esta división más social: organiza formaciones en competencias digitales para mayores, encuentros intergeneracionales con niños de Aldeas Infantiles o cursos para instruir a limpiadores en el ámbito industrial. «Es muy bonito, ves que puedes aportar a la sociedad de otras formas».
Su canción favorita
«La mujer de verde», de Izal. «Me gusta mucho bailar y disfrutar. Esta canción me mueve mucho. Soy muy viajera, me gusta recorrer el mundo con una mochila. He estado en varios países de África y en Asia. Me gusta perderme entre la gente, ver otras culturas, abrir la mente y valorar todo lo que tenemos aquí».