Niños con diversidad funcional y sin ella interaccionan con obras del Museo

El programa ExpresArte nació en Redondela y ahora se desarrolla en Pontevedra


pontevedra / la voz

Un programa de expresión plástica para la integración social que cuenta con plazas reservadas para niños con diversidad funcional. Así presentan las arquitectas Ana Barreiro y África Martínez lo que es ExpresArte. Se trata de una iniciativa que nació hace cuatro años en Redondela en colaboración con la Fundación Filomena Rivero Alonso. Allí no solo había menores con diversidad funcional (autismo o parálisis cerebral) y sin ella, sino que también participaron chavales en riesgo de exclusión social.

Desde Taller Abierto, la entidad que realiza el programa, comentan que la idea era impulsar actividades relacionadas con la expresión artística para que todos pudiesen participar. «No nos interesan tanto los resultados, como los procesos», recalca África. Con esa experiencia consolidada en Redondela, presentaron el proyecto a la nueva dirección del Museo de Pontevedra, aprovechando que le quieren dar un carácter más social.

«El espíritu es el mismo que en Redondela, integrar a niños con y sin diversidad funcional y adaptar las actividades al espacios del Museo». En este aspecto se puede decir que salieron ganando, ya que el espacio de Redondela era «anodino» y el del Museo ofrece muchas más posibilidades. ExpresArte arrancó el pasado septiembre y consta de diez sesiones. Se hizo una convocatoria abierta y lo que se pide a las familias de los niños, ya que el programa es gratuito, es «un compromiso de participación para que puedan hacer piña y se den las interacciones», apunta Ana. También tienen presente a que los niños con TEA no les gustan los cambios.

Eran un máximo de 14 plazas y se cubrieron 12 con niños de 6 a 13 años. En Pontevedra no se logró que fueran seis con diversidad y seis sin ella, como sí pasó en Redondela. «No se logró ese equilibrio y hay más sin diversidad, pero lo importante es que los niños son transparentes. Al principio no se acercan, preguntan que por qué no se mueve, y al rato ya le quieren poner la cera».

La cita es todos los jueves, a las 17.15 horas, en el Sexto Edificio. Saben, cuentan las arquitectas, que tienen que respetar las normas de los museos: no correr, no tocar y no gritar. También destacan que coinciden con público que participa en las visitas guiadas -«es bueno que lo vean»- y tienen acceso a la sala de exposiciones. En la primera sesión trataron el punto como elemento principal del lenguaje plástico y trabajaron con una obra de Salvador Cidrás hecha de pequeños puntos. «Observan, preguntan y debatimos. Lo que vemos es que los niños no están habituados a entrar en el Museo». En otra sesión fue un paisaje de Manuel Ruibal la obra escogida, Árbores en inverno. Los niños tienen tendencia a dibujar los árboles de la misma forma, un palo marrón y una nube verde. «Con unas mínimas nociones de arte queríamos que comprendieran la diversidad del mundo natural, hay mil maneras, como mil colores o mil personas. El arte también sirve para abrir la mente». Esa sesión acabó con la creación conjunta de un árbol hecho con hojas naturales. En la de este jueves tocaba tratar el retrato y el autorretrato con la obra de Laxeiro El espanto. Para ello tenían fotos suyas impresas para trabajar distintas técnicas y expresiones. «El Museo ya tiene un Gabinete Didáctico y esta actividad complementa su labor», entiende África.

Abramos as portas: cara a un Museo + Social

 

José Manuel Rey García

Vivimos nun mundo en permanente cambio. As realidades sociais están a mudar día a día, e os museos tamén. Afortunadamente, atrás quedan aqueles museos que sufrían o mal da solemnidade, preocupados por manter a fidelidade dunha elite social que gozaba coas súas coleccións e cun relato só accesible aos iniciados. Hoxe, os museos apuntan nunha dirección ben diferente, tratan de comprender a complexa relación que establecen co seu público, e de colocar o foco nos cidadáns máis que nas coleccións. Por esta razón moitos museos están virando, sen desatender as súas funcións tradicionais, cara ao museo social, converténdose nunha ágora na que se promove o diálogo, a inclusión, a participación e os procesos de transformación social.

Precisamos converter aos museos en institucións máis próximas ás inquietudes e anhelos da sociedade, transformalos nun espazo multicultural que reforce a participación cidadá, dea visibilidade ás mulleres como suxeitos activos nos procesos de construción social, e fomente a inclusión de persoas e colectivos situados nas marxes do sistema museístico. A última enquisa sobre hábitos e prácticas culturais en España indica que máis dun 59 % da poboación non visitou un museo no último ano. Moita non foi nunca, e tampouco amosa interese por facelo. É o que nos estudios de público se adoita chamar «non público». Se, verdadeiramente, os museos queremos ser útiles á sociedade debemos ser conscientes desta fractura, reforzar a presenza destas audiencias pouco representadas, e esforzarnos por ofrecer a toda a poboación as mesmas oportunidades de gozar e aprender cunha oferta de ocio intelixente, que axude a formar homes e mulleres máis comprometidos socialmente.

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Niños con diversidad funcional y sin ella interaccionan con obras del Museo