redondela / la voz

Picapiedra, piratas, súper héroes, policías, ladrones, cavernícolas, enfermeras..... Poco quedó ayer para la imaginación. Miles de personas secundaron la llamada de Redondela para celebrar su tradicional Entroido de Verán y derrocharon creatividad. Preparados para el calor, los disfraces eran más bien fresquitos, con grupos de romanos y hawaianas. Una auténtica marea humana cubrió de colores el centro de la villa desde las ocho de la tarde aunque, el animal print fue el estampado que creó tendencia en esta edición. La avispa velutina de metro ochenta de altura con una botella del mismo tamaño, el grupo de policías, las cheerleaders y las drag queens captaron la mayor parte de las miradas. «La fiesta despertó tarde, hasta las nueve no se notó de verdad, pero luego hubo lleno absoluto», explicó a última hora Ramiro López, al frente del local Artesano.

Achacan a las altas temperaturas la demora de los asistentes pero hubo tiempo aún así para celebrar hasta bien entrada la madrugada. Los hosteleros destacaban también la «tranquilidad» que se disfrutó pese a la multitud. Fue realmente una jornada de diversión sana en la que no se registraron incidencias de importancia. Los propios hosteleros valoran el resultado. El alcalde, Javier Bas, apelaba a una edición en la que se lograra «una forma diferente de divertirse en la que el alcohol esté en un segundo plano». Y así fue. Bien por la campaña de contra el botallón y sin venta de alcohol en el recinto principal pero, parece que, hasta medianoche al menos, la bebida estrella fue la cerveza. «Lo cierto es que lo que más servimos fue cerveza, supongo que por tanto calor que hace», señaló Ramiro López. También el Concello duplicó las medidas de seguridad y el ambiente resultó mejor para todos. «Aquí la fiesta no nos gusta nada», bromea Eva del bar Guai. Ella es una de las hosteleras que 21 años atrás participó de aquel primer carnaval, que surgió casi como una broma. «Todo empezó como una gracia, los bares poníamos gratis la cerveza y la gente solo tenía que llenar sus vasos», recordaba ayer. Justo al lado, Santiago Rodríguez, de Los Leones. Ellos tardaron unas dos semanas en construir la barra que ayer destacaba en la fiesta sobre cualquier otra ya que era un barco vikingo gigante, que tuvo una actividad frenética hasta las tres de la madrugada. De media, hacían cuentas los hosteleros, «hay cerca de 30.000 personas por lo que la caja entre todos los establecimientos rondará los 800.000 euros».

Los redondelanos comenzaron la fiesta por la mañana dejando las calles vacías a la hora de la siesta. Pero las parrandas y charangas irrumpieron sobre las siete y, desde entonces, fecha rachada con asistentes de toda la geografía gallega. «En invierno vamos los tres a Ourense porque uno es de allí y en verano aquí, más fresquitos porque nosotros somos de Vigo», explicaban Alberto Rodríguez, Alberto Pérez y Eloy Artime.

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Redondela disfraza el calor con humor