Ponteareas le hace una alfombra al papa y en Redondela abren las urgencias

En Soutomaior pasan nueve meses sin celebrar plenos por incomparecencia de varios concejales


vigo / la voz

Quedó como un hito de Ponteareas. El 9 de noviembre, el papa Juan Pablo II pudo apreciar el arte floral ponteareano en la alfombra que un grupo de habitantes de la villa realizó en la plaza del Obradoiro, durante la visita a España del pontífice. El pontífice polaco quedó tan agradecido que invitó a los alfombristas ponteareanos a diseñar uno de sus conjuntos en Roma.

Mientras tanto, en A Guarda se sucedían los acontecimientos porque aquel año se acordaba realizar un paseo marítimo, al tiempo que se iniciaba una polémica en torno a la construcción de un cámping en Salcidos. No sirvieron de mucho las protestas y reclamaciones ya que existe en la actualidad este establecimiento. Fue aquel año cuando las monjas benedictinas de A Guarda anunciaban su marcha de la villa con la intención de fundar un convento en San Vicente de Trasmañó, en Redondela.

Protestas similares fueron recogidas casi diariamente por La Voz de Galicia en Nigrán. La asociación de vecinos Dunas de A Ramallosa se empeñó en transformar este lugar en un espacio limpio, y tanto denunciaba la existencia de un secadero de pieles como los vertidos a Playa América.

En pleno mes de mayo se produjo una fuerte helada que afectó a distintas cosechas de la comarca viguesa. En O Rosal sufrieron las consecuencias en los viñedos, mientras que en Mondariz se extendió al cultivo del maíz y de la patata.

Casi sin anunciar, el 1 de julio comenzaba a funcionar en Redondela un servicio médico de urgencias en la Casa del Mar del Instituto Social de la Marina. Había sido reclamado desde tiempo antiguo. Abriría las veinticuatro horas todo el fin de semana. Servicios similares se estaban preparando aquel año para A Guarda y Oia.

Menos agradable fueron los hechos acontecidos a finales de julio en Cangas. El conflicto del transporte de ría se enturbió de tal forma que acabó con violencia en las calles. La Guardia Civil precisó los refuerzos de la Policía Nacional para tratar de contener a algunos vecinos. La villa de O Morrazo vio cómo cambiaba su alcalde a finales de noviembre. Era elegido Antonio González Molanes tras efectuarse días antes la dimisión de José Chapela. Cangas consiguió que el Conservatorio de Vigo abriese una sucursal en la villa que pudiese atender las necesidades de la población.

También hubo protestas en Baiona, aunque allí se canalizaron a través de los juzgados. El gobierno quería otorgar licencia de construcción en el entorno del parador. La audiencia de A Coruña acabó dando la razón a los vecinos. La villa real pasaba unos veranos complicados ya que el gran número de visitantes conllevaba también grandes ruidos nocturnos.

Pero para hecho extraordinario, el acaecido aquel año en el Concello de Soutomaior. El pleno de la corporación no pudo reunirse durante nueve meses debido a la incomparecencia de nueve concejales, pertenecientes al Bloque y a candidaturas independientes.

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