60 niños con autismo y dislexia mejoran gracias a perros labradores en Redondela y Ponteareas

La logopeda Bianca González aplica una terapia poco común con animales

Bianca González, en una sesión de terapia con los canes y con Brais, un joven paciente.
Bianca González, en una sesión de terapia con los canes y con Brais, un joven paciente.

redondela / la voz

Barack no tiene nada que ver con Obama sino con Kelly. Esta pareja de perros labradores muestran su alegría ante la llegada de pacientes al gabinete de la logopeda Bianca González. «Son cariñosos y dóciles», explica su propietaria, que imparte terapias a niños con problemas en dos centros especializados ubicados en Redondela y Ponteareas.

Kelly iba para perro guía de la ONCE pero «ese trabajo la estresaba». Ahora se muestra mucho más relajada y contenta con los menores que acuden a la consulta de la especialista en desarrollo del lenguaje. Los dos canes fueron entrenados por Luis Montero, adiestrador homologado por la Xunta, miembro del club Terra Meiga.

En el gabinete de atención de González trabajan dos logopedas, una psicóloga, una experta en terapia ocupacional y un fisioterapeuta. «A las sesiones con los perros acuden unos 60 niños», explica la directora del centro. Uno de ellos es Brais Puertas. Tiene 13 años y aún no habla. No es sordo, pero por causas misteriosas sin diagnosticar solo dice tres o cuatro palabras. Su familia es de Reboreda (Redondela). El adolescente ha comenzado a acudir al colegio de educación especial Saladino Cortizo de Vigo. «Allí hay profesores que son estupendos, muy vocacionales», señala Cándida García, la madre.

Héctor es otro niño que interactúa en la consulta con perros. Tiene seis años y está algo sordo. «El año pasado no hablaba y ahora trabaja con las letras y está aprendiendo a hacerlo con el lenguaje de signos», cuenta Bianca González. El menor tira el dado y, según lo que toca, hace una cosa u otra con el animal. La suerte dice que tiene que ponerle un collar y el perro se deja adornar.

Leo Montero Darroza, de 6 años, parece tener menos problemas que sus compañeros. Con cuatro años apenas se le entendía. «Yo creo que era por vagancia, porque no movía le lengua», señala su madre, María Jesús Darroza Freire. «Hace dos años empecé a traerlo aquí y ha habido un gran progresión», asegura la progenitora, que está a la espera de que su hijos comience a practicar la escritura. Por ahora tiene algunos problemas con los dígitos. Escribe el 6 y el 7 al revés. Es el efecto espejo.

Kelly y Barack están impolutos. Los niños, jugando, les rocían colonia para perros. En la consulta no se percibe el olor a mascotas que puede detectarse en muchos hogares con animales. El trabajo con los labradores se hace de modo individual. Cada paciente es un mundo, tiene sus propios problemas y merece distintas soluciones. En la terapia se realizan sesiones entre 30 y 45 minutos. Jugando con los animales a los niños se les hace más fácil y divertida la comunicación. Lo que normalmente no se atreven a decir delante de las personas se lo dicen al animal, que se convierte en su compañero y amigo. «Aprenden y se divierten», señala la logopeda. Los perros labradores resultan excepcionales para esta tareas. «Kelly es muy buena, nunca se pone nerviosa ni siquiera si le dan una patada», asegura Bianca González.

Claro que tanta actividad con los perros a veces genera un poco de revuelo porque los niños son en ocasiones un poco traviesos. «Hay momentos en que tengo que poner un poco de orden», señala la directora del gabinete.

Experiencia profesional

La terapia con niños autistas, con síndromes de Asperger, de Down y otras problemáticas relacionadas con el desarrollo del lenguaje no se realiza solo con perros labradores. También resultan muy eficaces los golden retriever y los pastores alemanes, aunque el entrenador Luis Montero prefiere los labradores. Igualmente sirve el trato con caballos. Por eso Brais acude a hipoterapia y sus padres le han comprado un equino.

Detrás de estos tratamientos poco comunes se atesoran muchos años de experiencia profesional. Bianca González realizó sus estudios en A Coruña y llevó a cabo una máster profesional en la Universidad Pontificia de Salamanca. Durante algunos años trabajó en los hospitales Povisa, Meixoeiro y la clínica Domínguez de Pontevedra. Luego desarrolló su profesión en varios gabinetes. En ellos ha tratado a miles de pacientes, adultos y con problemas de concentración, dislexia o déficit de atención. Son labores que exigen mucha paciencia. En ocasiones, después de un accidente grave, la víctima tarda mucho tiempo en recuperar el habla. El paciente ha perdido la musculatura de la cara y requiere rehabilitación. González aconseja prevenir problemas de lenguaje. «A los bebés no hay que darles pan blando de sandwich, sino de barra. Tienen que masticar bien, morder, porque eso influye directamente en poder hablar correctamente. A veces vienen con retraso en el lenguaje y se debe a que les ha dado todo triturado durante demasiado tiempo», explica.

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