Un pionero en la cuna de la bicicleta

Julián, siempre autodidacta, ha sido uno de los grandes impulsores del ciclismo en Ponteareas


vigo / la voz

La vida de Julián ha transcurrido a vueltas. A vueltas con la bici y por la vida. Nacido en Ponteareas, su pasión por las dos ruedas le viene gracias a su tío José Luís Alonso, apodado Músico, que fue profesional del ciclismo en los 40 junto a la gran generación de los hermanos Rodríguez -Delio, Emilio, Manuel y Pastor-. Y es que la ciudad del Tea ha dado grandísimos corredores sobre las carreteras. Parte de la culpa, reciente, la tiene José Manuel Gómez.

Lo suyo es verdadera devoción por las dos ruedas. No recuerda un momento importante de su vida en el que no esté presente una bicicleta. «Con 7 u 8 años ya iba a ver correr a mi tío a Vigo en un coche escoba que era un camión de gaseosas», explica.

Con 11, y la llegada al mundo de su hermana, que era sordomuda, dejó la escuela para ayudar en casa y en el taller de los padres de los Rodríguez, que ya eran estrellas del ciclismo. «Iba a lavar la ropa al pilón de Canedo. Las señoras de allí, como mi padre se llamaba Julián, empezaron a llamarme Julián pequeno y así se quedó hasta hoy. Todo el mundo me conoce por el que no es mi nombre», cuenta entre risas. Pero no todo iban a ser responsabilidades y, con esa misma edad, su tío le regaló su primera bici. «Iba de aquí para allá con ella. Recuerdo ir a ver partidos del Celta e iba en bici hasta Vigo. Me la guardaban señoras de las panaderías de la calle Fragoso».

Sin embargo, si algo descubrió Julián era la falta de apoyos para las generaciones venideras que quisiesen dedicarse a la bici como habían hecho los Delio o Emilio Rodríguez. «Faltaban apoyos y voluntad. Tengo ido a Pontevedra o a Xinzo a competir e iba por mi cuenta, sin equipo ni apoyos. Iba y venía con mi bici», continúa. También faltaba el trabajo y, como muchos otros gallegos, decidió emigrar. José Manuel se fue al cantón francés de Suiza. «Acababa de hacer el curso acelerado de albañil. Allí saqué el certificado para trabajar en gasolineras. Con 19 años me llamaron para hacer el servicio militar, me casé y volví por segunda vez a Suiza», explica de carrerilla.

Sin embargo, entre medias, le dio tiempo a fundar uno de tantos equipos de ciclismo. Esa falta de ayudas y el afán por mejorar las posibilidades del ciclismo en Ponteareas, hizo que se lanzase a montar su propio equipo. Eran los años finales de los 70. Nacía el Club Ciclista Ponteareas. Además de montarlo, se dedicó a recorrerse el Condado para pedir ayudas económicas y logísticos. «A nadie le interesaba. En cuanto empezó a funcionar llegó gente que quiso mandar. Teníamos reuniones para pactar acuerdos del club pero poco a poco fueron dejándome de lado. En una discrepamos y me echaron». No se iba a quedar de brazos cruzados, así que decidió montar el Condado. Con su trabajo de chico para todo en la base del Ponteareas se ganó el cariño y la admiración de los chicos de las escuelas. Allí comenzaba a despuntar gente como Isidro Araújo, Genaro Prego o José Veiga. El otro club de la ciudad seguía creciendo, consiguiendo patrocinadores como Kelme, pero las labores didácticas y el cariño que Julián profesaba por sus pupilos hizo que se llevase a los mejores para las filas de su nuevo equipo, el Condado. «Se montó en el 79 como Hormigones Arenas Condado. Todos quisieron venir conmigo y se quedaron sin corredores», dice Allí, José Manuel Gómez era fundador pero también se encargaba de conseguir patrocinadores, poner balizas y la señalización de las carreras, llevaba a los chicos en la furgoneta y hasta llegó a hacer la revisión médica a los jóvenes ciclistas. «Me ayudaban algún médico pero yo tiraba padiante», admite orgulloso.

Para su segunda vuelta al país helvético, en los 90 y después de una década al frente del Condado, la morriña de la bici pesó. Se apuntó en el Centro Gallego de Suiza, había bailes, cenas... pero no equipo ciclista. Imaginan lo que ocurrió. Otro equipo más que decidió crear Julián. «La mayoría eran gallegos salvo un asturiano y un suizo al que le encantaba Galicia. Teníamos categoría cicloturistas, salíamos por Francia y Suiza en ciclomarchas e incluso un año conseguí traer al Club Ciclista Vigués a Suiza», declara.

Ahora, vive la vida con más calma. Hace más de una década que lo dejó por enfermedad de su mujer. Hace dos años que le operaron de la cadera pero, ni hablar de dejar la bici. «Siempre tuve un espíritu competitivo que me llevó a exprimirme. Así me pasó con la operación y con los clubes, con los problemas. Sigo saliendo en bicicleta». Admite que utiliza una con batería, «una ayuda» pero lo importante está en la mente. Esa que mantiene perfectamente en forma y siempre soñanado con el ciclismo.

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