«Al saber que tenía esclerosis con 35 años me alegré porque no era cáncer»

Quedarse en silla de ruedas no entra en sus planes y grabó un documental para contagiar su optimismo


ribeira / la voz

Cristina Maró tiene a la esclerosis múltiple contra las cuerdas. Aunque ella es peso pluma y cuando la enfermedad le dio el primer puñetazo apenas estaba saliendo de la adolescencia, ha sabido ganarle más de un asalto en el combate de su vida. No hizo caso a su médico cuando le recomendaba no mirar en Internet las terribles historias que otros pacientes escriben cuando los síntomas atacan, pero asegura que después de digerir el diagnóstico incluso se sintió aliviada: «Al saber lo que tenía con 35 años primero me alegré porque no era cáncer, una de las posibilidades que se barajaban. Después es cuando empiezo a pensar que los neurólogos tienen que estar equivocados, no como una fase de negación, sino porque no me encontraba mal, comía bien, hacía mucho ejercicio… ¡acababa de correr varios kilómetros en mi última carrera!».

Natural de Ponteareas, suma 38 primaveras, y sigue siendo un torbellino que trabaja delante de las cámaras como reportera y detrás con diferentes proyectos que apenas le dejan hueco en la agenda. La realización es otra de sus pasiones y comenzó a estudiarla para poder tener un trabajo en el que vivir si, en un futuro y por una probabilidad que cree más bien cree remota, se quedase postrada en una silla de ruedas. Desde luego, al hablar con ella pocos adivinarían que la enfermedad que padece es una de las principales causas de discapacidad neurológica de tipo no traumática en adultos jóvenes: «Sé que puedo acabar mal, pero realmente no lo siento así». Si la actitud influye en la recuperación, aunque sea en un pequeño porcentaje, Cristina Maró puede estar tranquila.

Para contagiar su optimismo y mostrar la otra realidad de la enfermedad comenzó a grabar un documental que ya tiene miles de visitas en Youtube. Muévete es su título y ella la narradora que da voz a otras historias de superación. Maró sabía muy bien quienes debían de ser los protagonistas del vídeo: «Quería personas como yo, muy activas, positivas, que siguiesen trabajando y tiraran para adelante».

 En la asociación Avempo encontró consuelo y ayuda para contactar con otros enfermos dispuestos a poner su grano de arena para dar visibilidad a una enfermedad todavía desconocida para muchos, pero que mete miedo con solo pronunciar su nombre. Fue muy joven cuando esta ponteareana comenzó a sentir los primeros golpes de la esclerosis múltiple.

El cuerpo se le dormía durante varios días, entre otros síntomas, pero Cristina tiene todo lo contrario a la hipocondría y nunca le dio mucha importancia. Tampoco los médicos, que la diagnosticaron cuando ya había entrado en la treintena después de un brote grave que le pilló en Dubái: «Dejé de sentir las piernas de cintura para abajo, estuve así algún tiempo y en una de mis visitas a España, al ver que no mejoraba decidí ir a Urgencias. Me quedé ingresada una semana». Su madre se enteró casi un año después de la gravedad de aquellos síntomas, cuando al regañarla por no comer más cantidad, Cristina se rompió y le explicó los motivos de algunos de sus nuevos hábitos, como aquellos relacionados con una alimentación más equilibrada. Una de sus hermanas sí que la acompañó desde el principio y el resto de su familia ha sabido apoyarla desde la impotencia que te da saber que uno de tus seres queridos padece una de esas enfermedades que dicen que no tiene cura.

«La medicación puede controlarla e incluso frenar el proceso degenerativo, pero aún no se conoce un remedio». Aconseja a quienes se vean en su misma situación algo que ella no cumplió, pero que cree de vital importancia para no caer en el desánimo: olvidarse de los foros pesimistas de Internet y luchar sin desfallecer.

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