De la playa al Balneario

Una de las últimas autopistas verdes para caminar se esconde en Ponteareas

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amigos da terra vigo@tierra.org

Nuestra ruta parte de la playa fluvial de As Pías (indicada en la carretera PO 253 de Mondariz a Pazos de Borbén). Descubriremos el río Tea y su bosque de ribera asociado. La importancia de estos espacios naturales tiene que ver, en parte, con nuestra caminata. Son las últimas autopistas verdes por las que la naturaleza puede desplazarse y comunicarse una vez que las infraestructuras humanas cortaron ya prácticamente todas sus vías de comunicación.

La bienvenida nos la darán una buena cantidad de libélulas que andan por aquí a lo suyo, comer mosquitos, y de paso nos informarán indirectamente que nuestro amigo fluvial mantiene una aceptable calidad en sus aguas. Alrededor nos acompañarán infinidad de árboles de ribera, como los salgueiros (de ellos sale la aspirina), los sabugueiros (con cuyas bayas se hace un aceptable champán), aves como el picapeixe (si hay martín pescador hay peces en abundancia), helechos de todo tipo como el fento real, culebras de agua como la natrix (absolutamente inofensiva). Como veremos, es un trasiego constante de bichos y plantas como buena autopista natural.

Siguiendo este bosque ahora llegamos a un espacio de transición. La galería de árboles desaparece ante la presencia de grandes bloques de granito que forman un pequeño cañón que encajona el río. Lógicamente está precedida de una zona llana que es la cuenca de desbordamiento. Este pequeño cañón nos muestra la capacidad erosiva del agua, que con paciencia y perseverancia excava profundas cazoletas en las rocas convertidas ahora, con el nivel del agua muy bajo, en charcas temporales que son auténticos viveros de insectos e invertebrados y consecuentemente un excelente restaurante para los anfibios, eficientes insecticidas naturales.

Prácticamente a la altura de nuestras cabezas veremos restos de bolsas de plástico enredadas en la vegetación. Estos residuos nos indican hasta dónde llega el nivel del río con las crecidas de invierno y, de paso, que seguimos convirtiendo los ríos en un basurero. No es el único impacto ambiental que podremos comprobar, pues la misma senda por la que caminaremos desde aquí resulta en algunos puntos de su trazado excesivamente invasora del cauce fluvial, aunque en esto la naturaleza se va reorganizando y el Tea se encarga de llevarse por delante los tramos mal diseñados. No deja de ser una paradoja que en algunos puntos el sendero contribuya a degradar la naturaleza que se pretende divulgar.

Estamos llegando al ecuador de nuestra ruta y en la orilla opuesta del río veremos un bonito campo de golf. Es un excelente lugar para pensar en la importancia de la biodiversidad, de la que depende todo -y dependemos todos-. En nuestro lado del río estamos rodeados por un centenar de especies de árboles y plantas y nos acompañan infinidad de invertebrados, aves, anfibios y reptiles, mamíferos. En la orilla opuesta podemos ver… césped y golfistas. Es un buen momento para recordar que nuestro sendero transcurre íntegramente por un espacio protegido por la Red Natura europea, por lo que, como siempre, debemos dejarlo al menos igual que como estaba. ¿Qué les parece llevar una bolsita para recoger los residuos que encontremos?

En este punto de nuestra ruta subiremos por una corta pero empinada senda a la izquierda que nos llevará hacia la carretera, apenas unos metros para cruzar el Tea sobre el puente que nos llevará a la playa fluvial de O Val, en Mondariz Balneario. Allí encontraremos un área recreativa con vocación de pequeño parque botánico en el que diversas especies de árboles cuentan con sus correspondientes paneles informativos. Dejamos aquí al Tea, que seguirá su curso hasta desembocar en el Miño, adonde cada invierno se lleva parte de la arena sobre la que nos sentamos, que luego las corrientes distribuirán por la costa, porque una buena parte de la arena de las playas marinas de las Rías Baixas nace aquí. Entretanto no está mal bañarse, literalmente, en agua de Mondariz.

El amieiro, siempre junto al río

El amieiro (Alnus glutinosa) es un magnífico representante de los bosques de ribera. Sus raíces necesitan estar en contacto permanente con el agua, por lo que su hábitat ideal son ríos y lagos donde protege los cauces y mitiga las inundaciones. Viviendo donde vive su madera es muy resistente a la humedad, lo cual fue tradicionalmente muy bueno para la construcción naval pero malo para su conservación.

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