El filósofo de Estados Unidos que buscó el mejor lugar del mundo para vivir y llegó a Oia

Monica Torres
Mónica Torres OIA / LA VOZ

OIA

Aprendió a capturar pulpos en las pozas de roca situadas detrás de su vivienda acompañado por un vecino de 81 años.
Aprendió a capturar pulpos en las pozas de roca situadas detrás de su vivienda acompañado por un vecino de 81 años. .

Lee Braver eligió Galicia antes de conocerla, escribió su último libro frente al Atlántico y habla de su «sueño español»

23 jun 2026 . Actualizado a las 01:12 h.

«Nunca había comido un tomate de verdad». Eso es lo que sostiene Lee Braver después de probar los de La Despensa de Oia, la antigua frutería de Juani. La afirmación resulta llamativa en boca de alguien que vivió más de una década en el estado sureño de Florida, pero para este catedrático de Filosofía jubilado resume bastante bien lo que le ha ocurrido desde que decidió abandonar Estados Unidos para instalarse frente al Atlántico gallego. Braver no llegó a Galicia por casualidad. Tras jubilarse dedicó casi un año a investigar cuál era el mejor lugar del mundo para vivir. Especialista en la obra de Martin Heidegger, comparó países, estudió mapas y analizó destinos hasta llegar a una conclusión inesperada: la respuesta estaba en una pequeña parroquia de Oia llamada Viladesuso.

Hoy resume aquella decisión con una expresión que invierte uno de los grandes mitos contemporáneos. Durante décadas millones de ciudadanos europeos soñaron con perseguir el sueño americano. Lee Braver hizo exactamente lo contrario: «El sueño español».

El Atlántico frente a Viladesuso durante una jornada de temporal.
El Atlántico frente a Viladesuso durante una jornada de temporal. LEE BRAVER

Lo más sorprendente es que tomó la decisión antes incluso de visitar Galicia. Su única experiencia previa con España había sido una semana en Madrid y Toledo durante sus años universitarios. Dos años después, mantiene un veredicto rotundo: «Puedo decir sinceramente que Galicia ha superado todas mis expectativas». La historia comenzó con una vivienda que no terminó de convencerle, aunque sí el paisaje. Ya de regreso en Estados Unidos, su agente inmobiliaria le enseñó otra casa situada prácticamente junto al océano. «Me conquistó». Desde entonces, buena parte de su vida transcurre caminando. Tampa, la ciudad donde residía, figuraba entre las menos amigables para los peatones de Estados Unidos. En Oia ocurre exactamente lo contrario. «Estar en un coche te corta de tu entorno y te presenta el mundo tras una pantalla. Caminar significa estar en el mundo», explica.

Durante la pandemia había pasado largas temporadas refugiado en una cabaña de las montañas Smoky. Allí disfrutaba de la naturaleza, pero también convivía con una realidad de la que quería alejarse: el ruido, las armas y el «trumpismo» que dominaban buena parte de la conversación pública estadounidense.

Oia le ofreció otra cosa. Naturaleza. Silencio. Tiempo. Y una manera distinta de mirar el mar. «El océano cambia constantemente; es una criatura viva que respira. Las olas plantean preguntas a las montañas y el viento responde a través de las hojas. Yo estoy en medio, intentando aquietar mi mente para escuchar». Su último libro, Introducing Ethics, fue escrito íntegramente frente al Atlántico desde su casa de Viladesuso. La fotografía de la portada también salió de esa misma ventana.

La costa de Oia bajo un arcoíris tras la lluvia.
La costa de Oia bajo un arcoíris tras la lluvia. LEE BRAVER

Sin embargo, las mayores revelaciones llegaron lejos del escritorio. Llegaron con los calamares y las zamburiñas de Lorena's, que considera los mejores que ha probado en su vida. Con los tomates de La Despensa de Oia. Con las piezas artesanales de Areladefe, el taller de Fe González. Con las caminatas hasta A Cabeciña. Y con las tardes que pasa aprendiendo a pescar pulpo junto a un vecino de 81 años.

Su patio trasero son las rocas de Viladesuso. Cuando baja la marea recoge conchas para fabricar collares. También acumula miles de fotografías de Galicia y contempla encontrar algún día un espacio donde exponerlas y venderlas junto a sus poemas y artesanías para destinar los beneficios a organizaciones benéficas locales. No todo ha sido sencillo. Reconoce que hacer amigos fue más difícil de lo esperado. El idioma sigue suponiendo un desafío y habla de una especie de jet lag emocional. «Sigo siendo estadounidense. No sé si algún día llegaré a ser español, aunque lo estoy intentando».

Cuando habla de Galicia rara vez menciona grandes teorías. Le bastan los tomates, los pulpos, los vecinos, las caminatas y el mar. Por eso, mientras muchos visitantes le hablan de una misma palabra para describir este rincón —paraíso—, él prefiere otra. «Galicia es la tierra de las brujas». Hace una pausa. «Es mágica».