Una vecina de Oia busca al autor del mensaje en una botella que llegó de Canadá hace 20 años

Para Meri Díaz, recuperar la carta supone «una bonita historia para contar en momentos de crisis existencial»


oia / la voz

Las posibilidades de que mensajes lanzados al mar, encerrados en botellas, lleguen a una costa a miles de kilómetros de distancia, y que además puedan ser leídos por otras personas, son verdaderamente escasas, según el Museo Naval de Ferrol. Lo más probable es que den vueltas por el inmenso océano sin llegar nunca a un destino concreto. Sí lo hizo la de un joven canadiense que el siglo pasado lanzó al mar una elaborada misiva en la que aportaba todos sus datos y pedía al potencial receptor que se pudiera en contacto con él. Su botella llegó a Oia y la mujer que la encontró no pudo entonces localizarlo. «No había ordenadores ni redes sociales. Hice todo lo que pude, pero no di con él», explica

Meri Díaz Fernández. Durante todo este tiempo ha protegido esa misiva como un tesoro. «La guardo desde entonces con otras cartas de amigas y exnovios, como el tesoro que creo que es, y eso que he hecho varias mudanzas», reconoce la receptora del misterioso mensaje que llegó a la costa de Viladesuso hace justo veinte años.

«Ya sé que ha pasado mucho tiempo, pero él tenía entonces dieciséis años y seguro que querría saber que alguien encontró su misiva», justifica.

El confinamiento jugó también una parte importante en la decisión de iniciar la búsqueda de su amigo canadiense. «Pensé que era una historia bonita para contar, especialmente en momentos de crisis existencial», dice medio en broma. El otro culpable fue otro hombre. «Un amigo que trabaja en París en el mundo de la moda fue el que me dio el empujón definitivo para iniciar esta búsqueda. Me dijo un día que el mar estaba tan claro que hasta se podía ver Estados Unidos y, con la misma, le conté lo de la carta y me animó muchísimo a que buscara a su autor», explica Meri Díaz Fernández en el mismo punto de la costa en el que halló la botella.

«Yo era camarera en un bar que había aquí y había un temporal terrible. Bajé a las piedras con Misto, que era un cliente de Pedornes, nos encontramos la botella y la recogimos», recuerda. Juntos regresaron al bar para ver su contenido. Hubo que cortarla con un cuchillo porque el papel no cabía por la boca. «Estaba dentro de una pequeña botella de Coca Cola. La cortamos y vimos que estaba plastificada y tenía dos banderas de Canadá», rememora con la carta, intacta aún en la mano. «El sueño de quien la escribió era que llegara a algún sitio y se cumplió. Ahora me toca a mí, quizás surja una amistad o sea el momento de conocer Canadá», apunta Meri. El 15 de noviembre es el cumpleaños de Christian Marquis, según dice el propio remitente. Quizás tenga un regalo sorpresa desde Oia.

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