Primer curro de la historia sin público y con escolta de la Guardia Civil en Oia

Los ganaderos de A Valga consiguieron reunir y limpiar más de 300 burras


oia / la voz

Las rapa das bestas que abre el calendario de celebraciones de este tipo en Galicia ha podido celebrarse, pero sin público y en versión reducida. La pandemia obligó a aplazar este curro de Oia, el que desde tiempos inmemoriales inaugura la temporada cada segundo domingo de mayo, hasta la fase 2 de la desescalada. Y además de hacer bailar las fechas, la crisis sanitaria ha obligado a celebrarlo a puerta cerrada. Los espectáculos etnográficos más antiguos de Galicia, con 4.000 años de historia al galope, arrancaron el domingo sin público, por primera vez en su historia.

Ninguno de los presentes recordaba una situación similar. Solo la Guardia Civil fue testigo de la épica lucha cuerpo a cuerpo que batieron los ganaderos de A Valga con los animales que bajaron de la sierra y que tradicionalmente siguen miles de personas. Las imágenes de este enfrentamiento se reeditaron, pero sin bestas. En la zona de O Val Miñor y O Baixo Miño, a los equinos salvajes se les llaman «burras». Son los garranos de la Serra da Groba, la única cabaña del mundo de esta especie, prima del caballo, criada en libertad desde hace miles de años.

El primer curro de la era covid estuvo bajo la supervisión de un nutrido grupos de guardias civiles que velaron por la seguridad de esta tradición que, más allá de la fiesta, se hace también por motivos sanitarios. «É moi importante desparasitalos e sacarlles os bichos para que poidan pasar o inverno no monte», indica el presidente de la asociación de ganaderos de A Valga, José Fernández Martínez. Ellos solicitaron la preceptiva autorización de Medio Rural, Subdelegación del Gobierno y el Concello de Oia. «Fixémolo para que os animais pasen un verán nas mellores condicións posibles, por iso solicitamos permiso para facer un curro de benestar animal e sen público», explicó el representante de un colectivo integrado por más de treinta ganaderos.

En este singular curro se reunieron cerca de 300 reses y unos 70 potros. La manada de este año es ligeramente superior incluso a la de mayo del 2019. Los «aloitadores» provistos de sus «varas de encabestrar» tardaron más de dos horas en conducir a los caballos salvajes desde los montes de A Groba hasta el curro. Después, comenzó la «rapa das bestas», esta liturgia que es tan ancestral como Galicia y en la que cada ganadero separa sus reses para cortarles las crines y marcar a fuego a los nuevos ejemplares.

Es posible que el calendario vuelva ajustarse si los ganaderos del monte da Groba consiguen también el visto bueno de las autoridades competentes. «Confiamos en que autoricen a tempo e, entón, celebrariamos o curro o domingo, como é tradición. Pero non é festa ningunha senón una xornada de limpeza e desparasitación», indica su presidente, Modesto Domínguez.

En su caso, serán más de un centenar de hombres los que vayan a por los caballos, porque también se multiplican hasta 800 las reses que han de traer al curro. «É moi importante porque este ano están cheos de carrachos e moscas. Hai que desinfectalos para que sobrevivan», destacó.

Este año, los microchips se aplazan a los curros de la mosca.

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