«Yo ya era feliz antes»

Jorge Casanova
Jorge Casanova OIA / LA VOZ

OIA

M.MORALEJO

Los vecinos de Oia ven con escepticismo el trabajo de una concejalía de la felicidad que no acaba de arrancar

09 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

A mediados del año pasado, el pequeño municipio de Oia, cobró notoriedad nacional por la original iniciativa de la recién elegida alcaldesa de crear una concejalía de la Felicidad. No es que le sobraran las áreas de gestión al nuevo equipo municipal, pero Cristina Correa (PP), la regidora, realmente creía (y cree) que mejorar la felicidad de sus vecinos era uno de sus principales cometidos. Así que cuando dio a conocer la idea, el pueblo se llenó de periodistas: «Vinisteis todos», recuerda una joven madre en uno de los bares del pueblo. Y se ríe. Está tomando café con una amiga y a ninguna de las dos les pareció muy seria la idea de institucionalizar la felicidad: «Yo ya era feliz antes», expone. Y se vuelve a reír. Dicho así, no se entiende muy bien, pero si se añaden los huidizos rayos del sol que entran por la cristalera de la terraza a través de la cual se ve el mar a pocos metros rompiendo contra las rocas, pues sí, es fácil sentirse feliz si no tiene uno muchas preocupaciones.

El escepticismo de las dos mujeres será la tónica común en el sondeo callejero entre los oienses que hacen sus faenas por el pueblo. Nadie puso demasiadas expectativas en la nueva concejalía así que a nadie le extraña mucho que apenas se haya destacado con iniciativas. «É que aínda é cedo», se defiende la alcaldesa. El optimismo con el que presentó la idea se ha diluido un tanto, probablemente por el arduo día a día que genera un cargo como ese. En una carpeta, Cristina Correa guarda los papeles que tienen que ver con el proyecto y que van desde una consulta al Instituto de la Felicidad de Copenhague a las actividades complementarias sobre habilidades sociales e inteligencia emocional que los dos colegios del concello han desarrollado por iniciativa municipal.

El hito del día 20

Dice la alcaldesa que la idea es presentar una batería de medidas el próximo día 20 que es, claro, el Día Internacional de la Felicidad. Para entonces quiere disponer de un cuestionario para someter a sus vecinos y ver cuál es nivel de felicidad que respiran. «Se meu fillo tivera un bo traballo... entón sería feliz», dice María Rosa, una vecina de 65 años que sale apresuradamente del centro de salud. La señora no se engaña: «Pero isto xa sabe como é: estás feliz nun momento e no seguinte estás triste». La idea de un buen trabajo como camino a la felicidad también surge con mucha frecuencia y, a veces, con una cierta aspereza: «Montar la concejalía de la Felicidad es la mayor estupidez que escuché en mi vida», dice un joven junto al monasterio. Y lo justifica. Asegura que hay muchos proyectos que abordar antes que ese, entre ellos, el correcto saneamiento de muchos núcleos del municipio. Y repartir un poco mejor el empleo que sale del concello.