«Yo ya era feliz antes»

Los vecinos de Oia ven con escepticismo el trabajo de una concejalía de la felicidad que no acaba de arrancar


oia / La voz

A mediados del año pasado, el pequeño municipio de Oia, cobró notoriedad nacional por la original iniciativa de la recién elegida alcaldesa de crear una concejalía de la Felicidad. No es que le sobraran las áreas de gestión al nuevo equipo municipal, pero Cristina Correa (PP), la regidora, realmente creía (y cree) que mejorar la felicidad de sus vecinos era uno de sus principales cometidos. Así que cuando dio a conocer la idea, el pueblo se llenó de periodistas: «Vinisteis todos», recuerda una joven madre en uno de los bares del pueblo. Y se ríe. Está tomando café con una amiga y a ninguna de las dos les pareció muy seria la idea de institucionalizar la felicidad: «Yo ya era feliz antes», expone. Y se vuelve a reír. Dicho así, no se entiende muy bien, pero si se añaden los huidizos rayos del sol que entran por la cristalera de la terraza a través de la cual se ve el mar a pocos metros rompiendo contra las rocas, pues sí, es fácil sentirse feliz si no tiene uno muchas preocupaciones.

El escepticismo de las dos mujeres será la tónica común en el sondeo callejero entre los oienses que hacen sus faenas por el pueblo. Nadie puso demasiadas expectativas en la nueva concejalía así que a nadie le extraña mucho que apenas se haya destacado con iniciativas. «É que aínda é cedo», se defiende la alcaldesa. El optimismo con el que presentó la idea se ha diluido un tanto, probablemente por el arduo día a día que genera un cargo como ese. En una carpeta, Cristina Correa guarda los papeles que tienen que ver con el proyecto y que van desde una consulta al Instituto de la Felicidad de Copenhague a las actividades complementarias sobre habilidades sociales e inteligencia emocional que los dos colegios del concello han desarrollado por iniciativa municipal.

El hito del día 20

Dice la alcaldesa que la idea es presentar una batería de medidas el próximo día 20 que es, claro, el Día Internacional de la Felicidad. Para entonces quiere disponer de un cuestionario para someter a sus vecinos y ver cuál es nivel de felicidad que respiran. «Se meu fillo tivera un bo traballo... entón sería feliz», dice María Rosa, una vecina de 65 años que sale apresuradamente del centro de salud. La señora no se engaña: «Pero isto xa sabe como é: estás feliz nun momento e no seguinte estás triste». La idea de un buen trabajo como camino a la felicidad también surge con mucha frecuencia y, a veces, con una cierta aspereza: «Montar la concejalía de la Felicidad es la mayor estupidez que escuché en mi vida», dice un joven junto al monasterio. Y lo justifica. Asegura que hay muchos proyectos que abordar antes que ese, entre ellos, el correcto saneamiento de muchos núcleos del municipio. Y repartir un poco mejor el empleo que sale del concello.

«Como idea, está muy bien, porque ha colocado a Oia en el mapa —afirma José Antonio, un ex edil de 50 años—, pero la verdad es que me gustaría conocer el contenido». Él también subraya la idea del empleo como vía para una vida mejor: «Ahí está el proyecto del monasterio, que el concello debería liderar y que daría empleo para 40 familias de forma directa y otras 40 indirectas».

Hay poco entusiasmo en la calle con la iniciativa municipal; algo de desconocimiento y mucho escepticismo. Sin embargo, la mayor parte de los vecinos consultados para este reportaje se mostró alegre y de buen humor. ¿Felices? Podría decirse que sí. Igual solo era el esquivo sol de esta primavera adelantada que se asoma entre temporal y temporal y que mejora el talante de la gente, pero los oienses, con concejalía o sin ella, parecían bastante satisfechos. Viven en un sitio realmente deslumbrante.

Una idea ya recogida en la Constitución de los EE. UU.

La Constitución de los Estados Unidos ya recogía inicialmente la búsqueda de la felicidad como uno de los derechos inalienables del ser humano. Eso recuerda Cristina Correa, la alcaldesa de Oia, cuando habla de su proyecto. Así que, considera, no se trata de una ocurrencia publicitaria sino de una filosofía política: «É unha carreira de fondo, un proxecto a medio prazo».

Entre los objetivos está paliar la soledad en la que viven muchos vecinos de un concello con muchos mayores: «Para iso estamos facendo un censo de voluntarios. Algúns deles xa o facían pola súa conta». Explica también la alcaldesa que el concello está en contacto «cunha especialista en felicidade», de quien espera recibir proyectos originales y susceptibles de ser subvencionados. Entre la lista de actividades que maneja el concello está también la realización de un vídeo entre los oienses y la puesta en marcha del buzón de la felicidad, que ya funciona en Internet, pero que también será algo físico. La alcaldesa se refiere también a un intercambio entre los dos colegios del concello, uno junto al mar y otro en plena montaña.

«Teño dous netos e son feliz»

No muy lejos de allí, dos señoras mayores salen de la tienda con su bolsa de la compra. No tienen ni idea de que existe una concejalía de la felicidad pero, por si acaso, se protegen ante las preguntas: «Eu non entendo de política». Pero sí entienden de felicidad. Nieves tiene 76 años y Ana 78. Se paran a echar una parrafada de buen grado porque el día acompaña. Hablan del pasado, dura infancia, mucho trabajo, pocas compensaciones, así que ahora Ana dice que sí: «Teño dous netos e son feliz». Nieves, con sus achaques, dice que también: «Os fillos están ben, eu son feliz». No hay más que hablar.

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