Cien caballos de A Groba mueren por la sequía

Los ganaderos constatan que la falta de lluvias ha hecho estragos entre los ejemplares más débiles


vigo / la voz

El invierno pasado ha sido especialmente duro para la cabaña equina que pasta libremente en los montes de la Groba, en Baiona y Oia. Una vez que ha comenzado la temporada de los curros es tiempo para hacer balance del estado de los animales y del recuento de las crías que han nacido durante los últimos meses. El presidente de la asociación de ganaderos de Oia, Modesto Domínguez, calcula que desde finales del año pasado han muerto alrededor de cien equinos por culpa de la sequía, pero el aspecto positivo es que han nacido 100 potros, según el recuento llevado a cabo ayer en el curro de Torroña. La falta de lluvias ha repercutido en una menor cantidad de pasto en las zonas habituales de los caballos. Hasta el pasado mes de noviembre no llovió nada y muchos animales no han encontrado suficiente alimento para sobrevivir.

El tiempo seco ha hecho mella en los ejemplares más débiles: muchas yeguas al acabar de parir y los más viejos han muerto de inanición o al caer enfermos por las duras condiciones climáticas. De poco ha servido el esfuerzo que han realizado durante los últimos meses muchos propietarios del ganado de ir a alimentarlos al monte para ayudarles a pasar el invierno. Las vacas salvajes son sus competidoras en la búsqueda de alimento. «Se les echa paja, pero las vacas llegan antes y la comen, así que muchas veces se ha perdido el tiempo en eso», afirma el representante de los ganaderos, a quien se le han muerto 20 caballos esta temporada. En su opinión, este último año ha sido uno de los peores, a pesar de que la sierra de la Groba se libró de los terribles incendios que causaron estragos a muy pocos kilómetros de distancia el pasado mes de octubre. «Si se seca el monte, no son capaces de comer», lamenta Modesto Domínguez. La situación ha mejorado en primavera y los ganaderos confían en que no sea tan dramática en lo que resta del resto del año.

Descenso

El clima ha perjudicado a una cabaña que durante los últimos años ha disminuido notablemente. El número de caballos salvajes que pastan en los montes de Baiona y de Oia apenas supera el millar. La obligación de colocar un microchip para identificar a los propietarios hizo que muchos ganaderos optaran por desprenderse de los animales y por venderlos en Portugal, según denunció hace años la asociación de ganaderos. Se calcula que a raíz de esta exigencia alrededor de un 20 % de la cabaña equina fue vendida a criadores portugueses. La Xunta obliga a esta identificación para llevar un control de los animales y que se pueda pedir responsabilidades civiles a los propietarios en el caso de que ocasionen algún accidente. Los incendios también son una amenaza los caballos salvajes porque en muchas ocasiones no son capaces de huir de las llamas y perecen abrasados. Especialmente dramáticos fueron los incendios sucedidos en el año 2016, cuando decenas de caballos se vieron rodeados por el fuego y perecieron.

650 equinos rapados en Torroña

Torroña vivió ayer el segundo curro de la temporada. Los ganaderos, a pie y a caballo, juntaron a unos 650 equinos en el recinto. Como manda la tradición, a las cinco de la tarde comenzó el tradicional rito de la rapa das bestas en la que los dueños de los animales aprovechan para cortarles las crines y desaparasitarles. Además a las crías que han nacido durante los últimos meses hay que marcarlas y ponerles un microchip obligatorio. Contaron un centenar de potros. Cientos de personas asistieron a este espectáculo que, según destacaba el presidente de los ganaderos, es de entrada gratuita. El próximo curro será en Mougás el domingo que viene. xoán carlos gil

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