El millonario que se hizo peregrino

Camina desde que murió su mujer hace 20 años, cuando donó cinco millones de euros para educar huérfanos


vigo / la voz

Oia recibió ayer a un hombre de nacionalidad italiana que renunció a todas sus riquezas para buscarse a sí mismo. Luigi Cianti recorre el camino portugués de la costa para ganarse la que será su compostelana número 38.

A sus 73 años de edad, todavía tiene mucha fuerza para seguir recorriendo los senderos y aprender de todo lo que encuentra a su paso. Afirma que le sigue guiando su esposa, que falleció hace más de 20 años.

Hombre con muy poco dinero, de joven acabó casándose con la hija del dueño de la empresa de transporte donde trabajaba. Al fallecer su suegro, ella tomó las riendas del negocio. «Cuando ella murió, me dejó una herencia tremenda, 37 camiones de la marca Volvo», afirma.

Pero una vez viudo, su vida ya no sería igual. El detonante fue un accidente de tráfico que tuvo una noche después de estar sin rumbo cinco días ni dormir.

El vehículo que conducía cayó por un barranco y milagrosamente resultó ileso. Fue entonces cuando decidió cambiar de vida. Vendió todo su patrimonio y donó el dinero, más de cinco millones de euros, para la educación de los niños huérfanos. Era una deuda que tenía con los salesianos, que lo criaron en un seminario cuando era niño porque fue abandonado. No echa de menos esa riqueza. «La mayor riqueza es la salud y el interior de las personas», afirma.

Una vez liberado de todas sus pertenencias y con los únicos ingresos de una modesta pensión, decidió dedicar el resto de su vida a peregrinar, a caminar hacia los principales santuarios del mundo. Su primer trayecto fueron los 4.000 kilómetros que separan Roma de Jerusalén. Solo fue el principio de una aventura vital, puesto que ya ha recorrido todos los continentes, excepto Australia, en busca de su propia espiritualidad.

Libro

Sus experiencias las ha recogido en un libro, Caminando con Dios, publicado por la editorial CLV Libros y ahora está preparando una segunda obra porque no deja de acumular experiencias de todos los lugares y personas que ha conocido caminando.

Esta es la segunda vez que recorre el Camino Portugués de la Costa. Lo hace con su amigo Giuseppe Venticinque, otro trotamundos, que lleva ya años poniéndose el mundo por montera y viajando con muy poco dinero. Ambos albergan un proyecto y puede ser que algún día en Oia dejen de darle uso a sus mochilas y bastones.

Quieren crear un albergue de peregrinos que no tenga unas tarifas preestablecidas, donde los caminantes aporten las cantidades según sus posibilidades económicos. Y en esa idea también está involucrado Xabier Garrido, escultor del municipio, que fue hospitalero en uno de los albergues que funcionaron en el cámping de Mougás.

Sería un punto de encuentro muy necesario a medio camino entre la frontera del Miño, en A Guarda, y Baiona. Ahí quiere recuperar la esencia de la peregrinación. «Me gustan los verdaderos peregrinos, pero actualmente casi no existen», afirma. «La mayor parte de las personas que hacen el Camino son turistas y se olvidan de que hay que tener humildad», considera. En su opinión, «el verdadero peregrino no pretende nada. Es educado y amable con la gente. Le gusta la naturaleza y camina solo. Caminar solo es lo mejor, vas aprendiendo cosas de la naturaleza», dice.

Reconoce que le gusta especialmente este tramo de la costa que la administración ha puesto en valor hace pocos años y que aún se está dando a conocer. «Veo que la gente está muy estresada, pero este paisaje te libera de todas las preocupaciones», afirma. Y lo dice después de haber conocido todas las rutas que atraviesan Europa hacia Santiago de Compostela. Conoce el camino inglés, el francés, lo ha hecho desde Sevilla y en Galicia también ha visitado el santuario de San Andrés de Teixido.

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