«Ya pasaron 65 años, pero cada vez que paso por allí se me sale el corazón del pecho»

La única superviviente del accidente de autobús de O Porriño en el que fallecieron 31 personas en 1955 recuerda aquel infierno


o porriño / la voz

Uno de los accidentes más graves del siglo XX en Galicia tuvo lugar hace justo 65 años. El 26 de febrero de 1955, a tres kilómetros de O Porriño, un autobús que se dirigía a la feria de Ponteareas volcó y se incendió con el resultado de 31 muertos, 11 heridos y 2 ilesos. La parroquia de San Salvador de Budiño, que aquella luctuosa jornada perdió a once de sus vecinos, celebrará un funeral en su memoria en la capilla de San Antonio esta tarde, a las 20.00 horas.

Solo una de aquellas pasajeras puede aún contar de primera no lo ocurrido aquel día. Imposible olvidarlo, dice. «Ya pasaron 65 años, pero cada vez que paso por ahí se me sale el corazón del pecho», explica Primitiva González. Tenía 18 años y su relato es sobrecogedor. «Íbamos siete personas en el grupo, con un vecino que iba a comprar ganado. Cinco murieron carbonizados», explica visiblemente emocionada pero reponiéndose para poder recordarlo, sabiendo que es el único testimonio vivo de aquella tragedia. Ella resultó herida, pero fue una de las personas a las que el maestro de la parroquia de Cans Carlos Díaz Álvarez, que, con riesgo de su vida, fue el primero en acudir a auxiliar a las víctimas, salvó de aquella bolsa de fuego que convirtió el autobús en una infernal ratonera. «No se puede olvidar ni recordar. Vi cómo los dedos de algunos pasajeros se volvían negros y parecían velas. Las llamas ya llegaban a mí, y pensé que me tendrían que cortar el brazo cuando aquel maestro rompió un cristal y me ayudó a salir», rememora acompañada de su marido Antonio.

Los dos son de Porriño. Él, de San Blas de Budiño, y ella, de Orbenlle. Llevan juntos más de sesenta años y, tras emigrar a Brasil, donde Antonio regentó una cafetería con su hermano, y continuar su trayectoria laboral al frente de un supermercado en Vigo, se asentaron definitivamente en su municipio natal al jubilarse.

Primitiva fue una de las víctimas evacuadas al hospital. «Toda mi familia pensó que había muerto y para mi madre fue terrible porque había enviudado cuando yo tenía cinco años. Entonces no había televisión y con tantos muertos tampoco se sabía si había supervivientes, así que pasó muchas horas pensando que yo también habría fallecido, hasta que ya de tarde la ambulancia me llevó de vuelta a casa», explica.

Al dolor por la pérdida de sus compañeros de viaje se le suma la pena de no haber llegado a conocer personalmente al hombre que se jugó la vida para salvar la suya. «Sé que era el maestro de Cans y que tiró por mí hasta que consiguió sacarme del autobús, pero nunca más volví a verlo», confirma eternamente agradecida por su ejemplo.

La última vez que pudo compartir aquellos recuerdos con otro pasajero fue hace cinco años. «Era de Mos y fui a visitarlo. Estuvimos hablando de lo que pasó aquel día, pero él ya era muy mayor y estaba enfermo», apunta. La mayor parte eran de O Porriño, pero también había vecinos de Tui, de Mos o de Salceda de Caselas. Se dirigían a la feria de Ponteareas y muchos eran tratantes de ganado.

«Al llegar a Cans hubo un giro muy brusco. Un señor se puso a gritar y, a pocos metros, chocamos contra un bloque de granito y el autobús volcó por el lado en el que estaba la única puerta», relata. Ella viajaba en la parte trasera del transporte. «Eso me salvó la vida. Fue todo muy rápido, pero lo recuerdo como si fuera hoy. La gente se me cayó encima, el autobús comenzó a arder y yo empecé a golpear el cristal trasero», explica. Fue entonces cuando llegó la proverbial ayuda del profesor, que no dudó en salir corriendo de clase para dar su lección magistral. «Tengo todo grabado, todas las imágenes de aquellos momentos, del fuego, de las personas pidiendo auxilio.... Lo paso muy mal recordándolo. Esto es algo para toda la vida», dice.

Tras el impacto, el fuego se propagó rápidamente al departamento de viajeros. Muchas víctimas murieron carbonizadas, sin poder salir de aquel infierno.

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