A una llamada de que Nina vuelva a casa con su peregrino francés

José, el vilanovés que acogió en una perrita peregrina perdida, ha recibido la llamada de su propietario. En cuestión de días, el animal volverá con los suyos

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vilanova / la voz

El corazón de José Viñas se hizo ayer añicos. Desde hace casi dos semanas, en su casa vive Nina, una perra peregrina que se había perdido en el Camino. Su propietario había dejado avisos en la Policía Local para que, en caso de que alguien viese al animal, lo avisasen. Y siguió su camino mientras su mascota, desorientada y triste, vagaba por la zona de As Sinas. Allí la encontró José, que enseguida sintió un profundo afecto por el animal. «So llo vou dar ao seu dono», decía hace unos días. Hablaba tras haber llamado varias veces al número de teléfono que figuraba en los carteles. Pero al otro lado de la línea no contestaba nadie.

Hasta ayer. «Volvín de mariscar e collín a Nina para ir dar un paseo. Cando estabamos camiñando chamáronme por teléfono». Era el propietario de Nina, un joven francés que apenas habla castellano y con el que la comunicación resultó ciertamente complicada. El rapaz se encuentra, a estas alturas, en O Porriño. «Díxome que viña andando ata aquí, pero o máis seguro é que cando estea máis cerca me achegue eu a levarlle ao can».

Es cuando pronuncia estas palabras cuando se nota que José Viñas habla con el corazón roto. En el tiempo que Nina ha pasado en su casa se ha convertido en una más de la familia. El flechazo inicial se ha confirmado, y José y su fiel amiga se han hecho inseparables. «Estou triste, non vou estar», reflexiona este mariscador.

Afortunadamente, el corazón humano tiene la capacidad de regenerarse. Y, cuando se rompe, a veces puede volver a unirse y quedar intacto. Para eso hace falta, simplemente, dar con el pegamento adecuado. Así que es probable que cuando José entregue a Nina a su joven dueño, y vea la alegría de hombre y animal, sus heridas pasen a un segundo plano. Y es que, él mismo lo reconocía hace unos días: «O seu dono ten que estar tristísimo, vese que o can está moi ben coidado e que está acostumado a ser tratado con cariño».

Ahora, José vuelve a vivir pendiente del teléfono. A la espera de la llamada que indicará que ha llegado la hora de que Nina se reencuentre con su propietario. De que retome su camino.

«Estou triste, claro que estou triste», explica José, que le ha cogido un gran cariño al canino

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