Una empresa viguesa de pulseras factura medio millón de euros

Solo las venden a través de Internet


Vigo / la voz

Carrick es el proyecto emprendedor de Brais Comesaña y Javier Estévez que, con casi tres años de vida, en el 2016 facturó medio millón de euros vendiendo pulseras náuticas y mantiene esta dinámica para el cierre del 2017. Bajo el sello Siccae Ventures, ha conseguido hacerse un hueco en el programa de aceleración Conector Galicia en el que piensan aprovechar al máximo «la parte de mentorización», en la que estarán arropados por expertos, según Comesaña.

Las pulseras, cuya principal insignia es la figura de un ancla, acompañada en algunos modelos por cabo náutico auténtico, fueron creadas bajo una estrategia enfocada al cliente y seleccionadas entre otras cuatro marcas del sello Siccae Ventures que, en palabras de Brais, «hace referencia al nombre de las islas Cíes en latín». Sus creadores lanzaron cinco plataformas de comercio electónico al mercado a modo de prueba para, finalmente, quedarse con Carrick y cancelar el resto de proyectos. «Lanzamos varias webs con productos diferentes, las pulseras Carrick nos gustaban y fue lo que mejor funcionó», cuenta.

Las pulseras triunfan entre sus clientes por «su estrategia de comunicación». Bajo la premisa de «llevar el mar siempre contigo», Carrick traslada un mensaje marinero allá adonde va. En ocasiones, la presentación de estas joyas puede llegar a incorporar pequeños sacos de arena. «El mar es un concepto lo suficientemente amplio como para que todo el mundo tenga una relación con él», señala Brais Comesaña, quien, en el 2014, cuando nació el proyecto, no se imaginaba que sus compradores procederían de todos los puntos del mapa, ya que sus anclas de acero han suscitado el interés de clientes de Indonesia, Tailandia, Qatar o Sudáfrica y, por supuesto, de toda Europa.

Solo venden por Internet. Sin embargo, Comesaña admite que los próximos pasos de la marca estarán orientados a su internacionalización. Pero para eso todavía habrá que esperar, puesto que sus creadores prefieren implantar su producto paso a paso. «Tenemos la intención de implantar Carrick en otros países y hemos puesto el foco, en especial, sobre Alemania», explica.

Con un crecimiento tan significativo y un futuro que parece próspero, nadie se esperaba que la marca de pulseras esté abocada a la desaparición. Pero sí, sus creadores ya están pensando en su final, y lo hacen con total naturalidad. «El cliente de hoy en día no es fiel a la marca. Una vez que compra un producto como este es muy difícil que lo vuelva a hacer, así que, en un futuro, cuando a Carrick ya no le quede vida, trataremos de venderle otra cosa diferente», señala.

Bajo el sello Siccae Ventures, su intención es tener cuatro marcas diferentes para el 2018. Cuando la idea ya no le interese a sus clientes, se dedicarán a otra cosa. Pero, mientras eso no pase, el ancla de acero de Carrick seguirá zarpando desde su fábrica, en O Porriño, donde algunos operarios trabajan para la marca, ensamblando sus componentes, y pondrá rumbo por mar hacia «todos los puertos» del mundo.

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