Fallece el exalcalde de O Porriño José Manuel Barros

Había abandonado la política tras perder la alcaldía en el 2003 por un acuerdo de toda la oposición. El libro Guinnes de los Récords le había declarado en 1999 como el alcalde de más peso de todo el mundo


Vigo

El exacalde de O Porriño José Manuel Barros González (Mosende, 1941) falleció ayer tras sufrir diversas dolencias en los últimos meses. El político porriñés había accedido a la alcaldía en 1981 sucediendo al entonces regidor Gonzalo Ordóñez Pérez, de quien Barros era su teniente de alcalde. Lograría repetir en el cargo tras ganar todas las elecciones por mayoría absoluta hasta el 2003, comicios que permitieron un pacto de la oposición que le desalojó del puesto en favor del entonces candidato del BNG, Raúl Francés, y que le llevaría a abandonar la política poco después.

Agente de seguros para Tui, Ponteareas y O Porriño, corresponsal bancario, dependiente con anterioridad en un establecimiento comercial, camionero, presidente de la Cámara Agraria y de la Sociedad de Caza de su villa, Barros hizo después de la política su medio natural, llegando a ocupar la vicepresidencia de la Diputación de Pontevedra, a cuya presidencia había aupado a José Cuiña como máximo exponente del sindicato de alcaldes que el porriñés fundó para hacer valer el poder de los regidores rurales de la cambiante Alianza Popular de los años ochenta.

Ser declarado como el alcalde de más peso del mundo por el libro Guinness de los Récords le dio en 1999 una notoriedad que le llevó incluso al «New York Times», donde declaró que hubiera preferido ser Robert Reford. Su figura en una báscula construida para la ocasión certificó sus 153 kilos de peso (la misma cantidad le fue entregada por los apicultores gallegos en miel), cifra que después sería incrementada incluso hasta los 190. Su tamaño sin embargo no le acomplejó en su tarea diaria, haciendo gala incluso de su figura, labrada, según confesó, por un disgusto de la juventud y el abandono de la práctica del fútbol, además de por una auténtica entrega a la comida, capítulo en el que el pollo casero guisado con patatas y muchas salsa para poder mojar el pan de O Porriño, aseguraba que era su perdición, como también los callos, plato que ensalzó al máximo, incluso como alimento afrodisiaco. 

De talante duro con la oposición, Barros reconocía ser «un poco dictador», reacciones que justificaba en el poder de sus votos y en que «el pueblo me quiere, y yo trato de hacer todos los favores que puedo», decía.

El final de su carrera política coincidió con el peor trago de su trayectoria al ser juzgado por prevaricación, amenazas, lesiones y acoso tras las denuncias de su secretaria, trance judicial que arrastró durante años y del que resultó absuelto en el 2011, tras tiempo ya lejos del mundo político.

José Manuel Barros será enterrado el lunes en O Porriño. 

  

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