Retratos con una máquina de escribir

Un vecino de Nigrán aprendió a mecanografiar dibujos en 1959 con su Underwood

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Retratos con una máquina de escribir Un vecino de Nigrán aprendió a mecanografiar dibujos con su Underwood

nigrán / la voz

Una imagen vale más que mil palabras. Y viceversa. Al menos en las manos de Francisco Javier Pereiro, un vecino de Vigo afincado en Nigrán que ha dibujado con una máquina de escribir manual más de tres decenas de retratos, dándole un giro al popular dicho. El reto tiene doble valor por la antigüedad de su personal colección ya que escribió todos sus dibujos en 1959, una década antes de que Armstrong pisara la Luna y el mismo año en el que llegó a España el primer ordenador.

Valorar cualquier obra artística requiere encuadrar el período histórico del autor. En 1959, tenía 14 años y su creatividad a la máquina se forjó en un cine. Concretamente en el de García Barbón, donde vio Quo Vadis. No fue Peter Ustinov su inspiración sino otro español, del que solo recuerda que era de Valladolid y que apareció en el no menos clásico cinematógrafo propagandístico del Noticiero Documental (NO-DO). «Vi a un señor que hacía dibujos con una máquina de escribir y yo también quise», recuerda.

Lo primero que salió de su máquina fue un San Juan Bautista. «Lo guardo con celo, pero luego ya me centré en el fútbol y el cine, que eran mis pasiones». Además, consiguió redondear caras y efectos. «Para evitar que el dibujo quedara cuadriculado, como los hacía aquel señor, yo arrastraba el carro y lo forzaba», dice. «La E para cuando el fondo estaba muy cargado, la W para fondos menos cargados o en sombras y los puntos para zonas delgadas como ojos y boca», explica.La máquina no era de él sino de su padre, un representante comercial al que ayudaba en su despacho. «Decía que tenía que desasanarme y me ponía a atender llamadas o a hacer recados», indica. Su progenitor fue también su primer mecenas: no dudó en llevar personalmente al Gran Hotel de Vigo los retratos que había hecho su hijo con la máquina de escribir, entregándoselos en mano a los artistas que actuaron en el festival de la ópera de aquel año. En la casa de Javier Pereiro de Nigrán no solo hay esas obras de juventud, que han pervivido gracias al celo con que las guarda su hijo, sino que algunas están firmadas por sus protagonistas.

«A Francisco Javier Pereiro, por su trabajo de verdadero artista», le escribió Alfredo Kraus sobre su retrato. «Ese es uno de mis favoritos por la dedicatoria. Y el de James Dean, por lo logrado. Pero le guardo especial cariño al de Antonio Campó, porque lo admiré siempre», desvela el autor sosteniendo este retrato del padre de Marta Sánchez, dedicado también por el artista lírico.

Sesenta años después ha vuelto a ponerse ante la máquina. La misma Remington Underwood que usó entonces y que casi le duplica la edad, porque acaba de cumplir 100 años. Salió del armario tras la primera comunión de su nieta María del Mar, a petición de un fotófrafo que quiso que le enseñara los dibujos. «Me metió de nuevo el gusanillo en el cuerpo, así que he mandado ponerla a punto para hacer el escudo de Nigrán», desvela. También le queda pendiente el cuadro del Celta: «Es mi equipo, pero de aquella no salía en las revistas».

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