Hallan ostras y castañas de hace mil años en el Castelo Grande de Mos

La localización de alimentos en la fortificación medieval es un hecho insólito


mos / la voz

El empeño de la segunda intervención arqueológica en la fortificación medieval de Castelo Grande que culminó ayer en Mos era dar con el sarcófago labrado en piedra que aún recuerdan los lugareños. Tendrá que haber una tercera para dar con él pero los hallazgos que han sacado a la luz el equipo de la cooperativa Árbore Arqueoloxía son mucho más sorprendentes e inesperados. El arqueólogo Benito Vilas confirmó ayer la localización de restos orgánicos que han conseguido ganarle la batalla al tiempo algo que, por su propia condición, es sin duda más inusual y no menos importante.

Los expertos han descubierto tres castañas de hace 1.200 años y dos ostras con más 900. «Hemos encontrado restos de la comida con la que se alimentaban. En concreto hemos dado con dos ostras y tres castañas», dio a conocer Benito Vilas. «Lo de las ostras no es tan extraño, porque al igual que las conchas de almejas o mejillones, cuando las hay, se suelen conservar por el carbonato cálcico» explica el investigador. Aparecieron, apunta, «en la cata de abajo. Por debajo del nivel de derrumbe de la torre, había uno de gravas, luego otra de uso y en el siguiente, ya aparecieron las ostras, por lo que están en el uso del castillo, al igual que las cerámicas que se encontraron en el mismo nivel».

Los alimentos localizados son de momentos de ocupación distintos. «Posiblemente las ostras sean de cerca del siglo XII y las castañas del IX, este último hallazgo es realmente algo insólito. En Galicia no suelen aparecer restos orgánicos desgraciadamente pero estas castañas están carbonizadas, debieron quedarse así en la hoguera y por eso no se deshicieron y las encontramos a metro y medio del nivel de derrumbe», explica Benito Vilas. Podrían hacerse pruebas para concretar fechas exactas pero ya tienen un avance «por datación relativa». «Suponemos que están más cerca del siglo IX que del XII pero exactamente no lo sabemos. Están por debajo de las ostras, las castañas se comen muchísimo antes, están en otro nivel arqueológico», apunta Vilas. Las ostras y las castañas (con la tierra en la que estaban) serán trasladadas al Museo de Pontevedra.

«En esta actuación, además de hacer una cata más encima de la piedra también se hicieron abajo y aparecieron restos de la vida cotidiana de los habitantes del castillo medieval, de entre los siglos IX y XII, como los orgánicos» explica la cooperativa Árbore Arqueoloxía.

Se localizaron varias fusayolas, que son piezas que se utilizan como contrapeso, colocado en el huso de tipo vertical, para hilar. «Hemos encontrado tres fusayolas, dos de cerámica y una en piedra, que está entera». Su descubrimiento también tiene un valor especial. «A diferencia de otras piezas, las fusayolas te hablan del tipo de vida de las gentes que vivían dentro y evidencian que no solo estaban allí defendiendo o que era un castillo de postín y vigilancia, sino que también había personas habitando en el entorno haciendo ciertas labores», revelan los expertos. Esta campaña, al igual que la primera ha sido promovida únicamente por la asociación cultural Viaxamos no tempo. No hay aportación del Concello pese al potencial. «Han aparecido cientos de piezas en una semana, es un yacimiento muy potente a nivel arqueológico», advierte la cooperativo.

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