Batalla judicial de una vecina de Mos para eliminar dos cámaras que enfocan a un camino

La denunciante logró una sentencia a su favor pero los dueños de una finca no retiran la videovigilancia del Camiño do Rexenxo


vigo / la voz

María Concepción Rodríguez vive a diario un reality show como si estuviese metida en el plató de la casa de Gran Hermano. Dos cámaras de vigilancia siguen todos sus pasos las 24 horas del día desde hace cuatro años. El objetivo se asoma a la carretera y enfoca a todos los peatones y coches que entran y salen por el número 35 del Camiño do Rexenxo, en la parroquia de Penelos, en Mos. Y eso incluye la entrada de la casa de Rodríguez.

El problema de vivir controlado es que esto no es un programa de telerrealidad sino la realidad misma. La perjudicada y su marido viven en una casa de campo y se sienten observados por las dos cámaras que han instalado unos vecinos en su finca a solo 25 metros de distancia. Antes solo había una y ahora hay dos para cubrir mejor todos los ángulos.

«Esas cámaras funcionan as 24 horas do día, enfocan o camiño, presentei catro denuncias, tiven unha sentencia a favor e inda por riba seguen aí. Estou desesperada, xa non sei a quen recorrer. Se isto sae no xornal, polo menos que serva para que eles collan algo de vergonza», dice María Concepción Rodríguez.

La perjudicada litiga desde hace dos años para obligar a sus vecinos a retirar unas cámaras que apuntan directamente hacia el Camiño do Rexenxo y la entrada de su casa. Se trata de una cuestión grave porque invade su intimidad (pues las tiene pegadas a la puerta de su casa). La ley obliga a que esas cámaras no estén dirigidas a la vía pública porque eso es competencia del Estado, motivo por el que los comerciantes de las tiendas de la calle del Príncipe de Vigo no pueden colocarlas así por las buenas.

A pesar de tener una sentencia a favor, según ella cuenta, las cámaras aún seguían ayer ahí. Los dispositivos de vigilancia y grabación están montados sobre un brazo mecánico, camuflados entre la arboleda de la finca, pegadas al muro.

El lugar es un páramo rural próximo a la autovía A-55 al que se llega por un estrecho camino de asfalto. Aunque es casi zona forestal, la finca del vecino está protegida por un muro de bloques de hormigón y por una lona verde que disuade a los curiosos. Dentro de la finca, sobresalen dos sofisticadas cámaras de circuito cerrado de grandes dimensiones que rastrean el exterior. Disponen de focos para alumbrar de noche. Se nota que se invirtió dinero porque fue necesario instalar vigas para alzar a varios metros del suelo todos los dispositivos de control.

«Seguen á vista»

Según cuenta Rodríguez, ella lleva en esa parroquia toda la vida y sus vecinos llegaron recientemente. Son «xente que ven de fóra, disque é unha señora que veu da Arxentina». Añade que los nuevos propietarios «fixeron a casa» y luego montaron las cámaras en su finca. «Fixemos denuncias no xulgado, veu a policía, unha sentencia dixo que tiña que quitalas pero as cámaras seguen á vista», añade.

Una de las sentencias se remonta al 14 de enero del 2013 por un juicio de faltas por injurias y vejaciones en el que Rodríguez denunciaba a su vecina. La vista fue celebrada en el 2012 y el juzgado de primera instancia e instrucción de O Porriño le dio la razón a la denunciante y ordenó ejecutar la sentencia.

La afectada confía en que finalmente los propietarios cumplan la ley y retiraren las cámaras, según insiste, y que el camino común deje de estar controlado. Parece increíble que en pleno campo alejado del mundanal ruido una cámara vigile a los peatones que transitan por allí.

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