El fuego de Gargamala también dañó dos de sus joyas de arte rupestre

«Os petróglifos estaban baixo 3 metros de toxos», dice el arqueólogo Xosé Lois Vilar


Mondariz / la voz

El fuego que arrasó en octubre 150 hectáreas de monte en Mondariz y obligó a desalojar a todos los vecinos de la parroquia de Gargamala, también afectó a su singular patrimonio milenario. La mano del hombre ha dañado los petroglifos que durante 4.000 años han testimoniado un conjunto que para los expertos es «un auténtico museo ó aire libre». No es una afirmación gratuita, la suscribe Xosé Lois Vilar Pedreira, historiador y arqueólogo del Instituto de Estudos Miñoráns (IEM), que está al frente del equipo multidisciplinar al que el Servizo de Arqueoloxía da Dirección Xeral de Patrimonio le ha encargado un proyecto de prospección arqueológica, documentación y restauración de los petroglifos de Gargamala.

«Nesta serra hai dúas pedras escarrogadoiras, que son tobogáns, unha levaba de auga para oito muíños, dúas mámoas, un neveiro, un foxo de dobre converxación e máis de medio cento de petróglifos», explica el experto. Ya han empezado a trabajar sobre el terreno y pueden confirmar la afección a los petroglifos de Escornabois y de Campo Redondo. El primero es el más dañado. «Co calor extremo fórmanse termoclastos, escacha a pedra e pérdense parte dos surcos. O de Campo Redondo tamén está afectado, pero en menor medida e xa está a traballar na súa restauración Lola Álvarez», detalla Vilar. Esta estación de arte rupestre, situada casi en la cima del coto, es de la Edad de Bronce y forma parte del inventario de la Xunta, que en el 2013 catalogó los cuarenta grabados rupestres de Gargamala como bien de interés cultural. Hasta entonces ningún petroglifo de Mondariz estaba incluido en la declaración de monumentos histórico-artísticos de carácter nacional, que, hasta la fecha, englobaba ciento noventa y cinco grabados rupestres en la provincia de Pontevedra, una de las zonas mas ricas de Europa en este tipo de diseños simbólicos grabados en rocas. «O dano no de Escornabois é grave porque escachou a pedra; nos outros, a pedra está renegrida polo lume», apunta.

Las piedras hablan a los que saben interpretar esta forma de comunicación. Pero el mal estado de su entorno, para todos visible, propició la afectación. El fuego fue intencionado, pero la falta de limpieza ha sido determinante. Xosé Lois Vilar lanza un mensaje claro. «Os petróglifos estaban no medio de toxos de tres metros, nun completo abandono. Se o monte chega a estar limpo, isto non tería pasado, de aí a nosa reivindicación. De nada serve que agora veñamos nós e limpemos todo se non hai unha continuidade no mantemento», advierte al arqueólogo. «Non pedimos actuacións multimillonarias como Campo Lameiro ou o Pórtico da Gloria, porque é imposible. Só que o entorno inmediato do petróglifo estea limpo de vexetación e así non perderiamos a arte rupestre», apunta.

Al trabajo de retirada de sedimentos, revisión de fichas y localización, documentación gráfica diurna y nocturna, el IEM suma un levantamiento en 3D de los grabados, por lo que además de admirarlos en tres dimensiones podrían estudiarse si llegaran a desaparecer algún día. En la fase de prospección hay otras sorpresas. «Apareceron uns 22 petróglifos que non se coñecían e, grazas a colaboración dos veciños que nos informaron da toponimia, dous xacementos fortificados (O Castro Chouso e o Coto da Cidade ou Coto do Cerquido), así coma un novo foxo para cazar lobos que, no canto de ser de paredes converxentes, é do tipo chamado foxo da cabirta, xa que se metía dentro un cebo vivo para que fixera de reclamo do lobo». Sobre su valor concluye que «o que temos en Gargamala é un grupo de arte xeométrica, moi compacto iconograficamente. Non son todos iguais pero teñen un mesmo patrón e momento de grabación».

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