«La cadena humana ya es un símbolo»

La gesta vecinal que apagó las llamas sin medios contrasta con la proliferación de maleza en las fincas que ardieron en el 2017


VIGO / LA VOZ

Amelia Vázquez se echó a la calle, como tantos vigueses, al ver que el fuego entraba el 15 de octubre del 2017 en la ciudad para quemar todo a su paso. La avenida de A Florida, de la que es su familia, fue su destino. Allí, junto a otras 300 personas, formó una cadena humana para frenar el avance de las llamas con cubos y tinas y sin la ayuda de profesionales, en aquel momento desbordados y necesitados de más efectivos para minimizar aquella pesadilla en forma de fuego que asediaba la primera ciudad de Galicia. Lo que Amelia no sabía entonces, y un mes después sí, es que aquella noche estaba embarazada de un bonito bebé que llegó al mundo este verano y responde al nombre de Luca. «Nos dimos cuenta tiempo después de que aquella noche llevaba unas dos semanas en estado, menos mal que no pasó nada y que todo ha salido bien», explicaba esta semana en el mismo callejón que sirvió de escenario a aquella valiente y cívica cadena humana.

Su madre, Emilia Nicolas, y su hermana, Noa, caminan con Amelia por el callejón recordando el susto y el peligro experimentados hace doce meses. Emilia y Noa, a pocos metros tiene su negocio de peluquería, que también fue necesario custodiar para evitar el contacto con las llamas, reconocen: «Queda el recuerdo, eso está claro, pero también la sensación positiva de la respuesta ciudadana, de ver a la gente salir de sus casas para hacer algo, para que no quedarse pasada. La cadena humana ya es un símbolo».

Madre e hijas reconocen que los malos recuerdos de aquel domingo negro se reactivan cada vez que surge otro incendio: «Fue ver lo que pasó en Mondariz el domingo pasado y no poder evitar recordar lo que nos tocó a nosotros hace un año, te hace pensar que siempre hay otra mucha gente y en otros lugares que pueden pasar por lo mismo que nosotros». Cándido Acuña, dueño del taller que está a dos metros del callejón y reside en la vivienda superior, aportó su granito de arena con una manguera que echaba agua desde una ventana. «Se hizo lo que se pudo, éramos los que éramos pero se evitaron daños. El problema es que estas mismas fincas que ardieron el año pasado, hoy vuelven a estar llenas de helechos. Es cierto que otros solares sí se limpiaron desde entonces, pero otros muchos siguen igual, y eso es un peligro que ya conocemos bien».

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