Mondariz-Balneario, la burbuja antivirus

El municipio más pequeño de Galicia, que no tiene policía, resiste sin contagios entre sus 644 habitantes

M.Moralejo (Fotos)
mondariz-balneario / La voz

«Yo hago la misma vida que antes de la pandemia. Voy a diario al campo, a cuidar las plantas, a rachar leña y a hacer lo que haga falta». El brillo con el que José Pérez Barros explica su rutina diaria tras 46 días de confinamiento por el estado de alarma refleja la burbuja en la que vive Mondariz-Balneario. Su vitalidad, con 87 años, se merece un paréntesis en medio de la gravedad para preguntarse si entre las increíbles propiedades medicinales y minerales del agua de la que bebe y vive la primera villa termal de Galicia albergará la del antídoto contra el covid-19. Porque Mondariz-Balneario y el municipio vecino de Arbo son los dos únicos del área sanitaria de Vigo en los que, a día de hoy, carecen de contagiados.

Para José Pérez, la jornada más extraordinaria en su rutina desde aquel 13 de marzo fue la de ayer, porque es uno de los voluntarios llamados a participar en el macroestudio epidemiológico que se está llevando a cabo para conocer la incidencia del temido virus. Decidió colaborar, por lo que tuvo que acudir al centro de salud de Ponteareas. La escena a media mañana en el municipio más pequeño de Galicia, de 2,4 kilómetros cuadrados y 644 vecinos, es el fiel reflejo del remanso de paz y tranquilidad que abandera este referente europeo en el turismo de salud. «Puede ser el agua o el aire, pero el ambiente aquí es distinto», concluye el vecino antes de irse.

Trescientos metros después, sus palabras toman forma. En el mercado no hay colas, ni personas resguardadas tras mascarillas. El calendario parece haberse atrasado un par de meses. La actividad en esta plaza es superior incluso a la que registra en verano, cuando la villa con la mayor tasa de plazas hoteleras de Galicia (81,2 por cada 100 habitantes), multiplica por diez su población sin un solo policía. No hay agentes locales para vigilar las calles, lo hace la Guardia Civil cuando pasa. «Hay cuatro veces más clientes y ventas que antes de la pandemia. Muchas más incluso que en verano», confirma Tania Montenegro. Hace 18 años que vive en Mondariz- Balneario con su marido y aquí nacieron sus dos hijos, de 12 y de 10 años. Su marido regenta una carnicería en Ponteareas y ella, la de la plaza de la villa. Para ambos se ha multiplicado el trabajo al prohibirse los desplazamientos. El mercado de proximidad se ha convertido en el salvoconducto de los vecinos y Tania, además de carnicera, tiene ahora frutería, verdura y área de productos básicos de droguería y limpieza, porque el suyo es el único punto de venta abierto al público.

Sobre una de las baldas hay stock de papel higiénico. En Mondariz-Balneario tampoco sufrieron la fiebre del acopio de reservas a prueba de pandemia vaciando las estanterías. «Antes tenía unos diez clientes al día y ahora hasta medio centenar», explica la joven carnicera mientras atiende a sus vecinos con un plus de proximidad y cariño extraordinario en tiempos de coronavirus y que no repercute en la bolsa de la compra. «Mantenemos los precios de siempre. Ahora vendemos también productos de limpieza, pero lo que más se demanda es el pollo y la fruta fresca», indica Tania Montenegro. Su función va más allá de las transacciones comerciales. En la plaza, de martes a sábado por la mañana, se comparte como si nada hubiera pasado. Solo los jueves hay pescado.

Hace dos años que Carmen Varela es del vecindario. «Antes vivía en Vigo, pero me gustó tanto esto que me quedé», explica. Es la cara y la cruz de dos mundos porque Carmen, la única provista de máscara y guantes, es auxiliar de enfermería y trabaja en el departamento de reanimación del Hospital Álvaro Cunqueiro. «El servicio en el que trabajo siempre es duro, ahora muchísimo más, pero es muy vocacional y lo hacemos con todo el cariño. Aquí hay vida, aquello es durísimo», señala.

El panadero de la villa llega puntual. Como cada día desde hace 20 años. «Capeamos la situación con los repartos a domicilio, que se han incrementado, pero el cierre de la hostelería nos afecta muchísimo», lamenta Andrés Covelo, con panadería en Ponteareas.

Solo hay otro vecino en la calle con mascarilla. Es el alcalde más veterano de la provincia (gobierna desde 1983) y principal embajador de la villa. «Tengo 75 años, pero soy muy joven porque bebo agua de Mondariz», dice José Antonio Lorenzo mientras atiende una videoconferencia en su despacho y supervisa las obras del consistorio. «Este pueblo cura el estrés y la depresión, pero con el coronavirus toca ser prudente».

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