Una navalleira hecha a sí misma

Pilar Fervenza dejó en Vigo su trabajo como vendedora de coches, se compró un barco, aprendió a bucear y ahora es jefa de equipo de los profesionales de Moaña, trabajo que disfruta en contacto con la naturaleza

Oukar Fervebza, navalleira
Oukar Fervebza, navalleira

vigo / la voz

La moañesa Pilar Fervenza Juncal tiene 41 años y uno y medio de experiencia como navalleira. Pero como todo lo hace a conciencia, antes de mojarse hizo todo lo que había que hacer para que cuando llegase el momento de la verdad no hubiese lobo de mar que le hiciera sombra.

No era la primera vez. Fervenza, madre de dos hijos de 21 y 16 años, está acostumbrada a reconstruirse. Esta vez dio un volantazo que la llevó desde Vigo, a donde hacía dos viajes al día para acudir a su puesto de trabajo como vendedora de coches, y dos de vuelta a Moaña, para quedarse en su villa natal a pescar navaja y hacer de ello su nuevo modo de vida. «En realidad mi vocación frustrada era la psicología. El trabajo como comercial en la empresa de vehículos también me gustaba, pero estaba harta de los horarios y de ir y venir», reconoce. Ella conocía a gente que se dedicaba a la navaja, «me dijeron que se vendía un barco y lo compré. En ese sentido hice la casa por el tejado, aunque lo siguiente fue ponerme las pilas. Me saqué todas las titulaciones para poder bucear y trabajar en el mar. La crisis de los 40 vino a los 39 y me dije: ¡ahora o nunca!», resume.

Pilar no sabía nada de la profesión. Ni de barcos ni de navajas ni de otras muchas cosas que hay que saber para pescar con garantías. Por eso hizo también los cursos preceptivos de seguridad, de sanitario y el específico para buzos. «Experiencia previa, cero. Había buceado un poco antes, pero en apnea Solo tenía ganas y conocidos en el sector. No probé nunca antes. No valgo para hacer ilegalidades», afirma aclarando que para pescar navaja hay que tener una licencia y para ello, una titulación, por lo que un chapuzón, aunque sea como ensayo, no es excusa.

Cuando empezó, reconoce que notó «un poco de machismo en el sector, porque no están acostumbrados a que haya mujeres, pero a día de hoy somos todos iguales. Me cambio el traje en el puerto y ya ni miran», asegura la moañesa, que confiesa que le encanta lo que hace, en contacto con la naturaleza, y trabaja cada día para superarse.

El preciado manjar se captura buceando o a pie cuando está la marea muy baja. Es una tarea artesana. Se cogen a mano, una a una. «Hay técnicas para pillarlas sin que se te escurran, pero si te lo cuento tendría que matarte», bromea.

Los navalleiros de Moaña Trabajan de lunes a viernes en jornadas matinales, pero descansan como mínimo dos meses, los de paro biológico para que la navaja desove. «No siempre son los mismos, depende de la temperatura y de cómo esté la navaja, se va viendo. Nos reunimos y se decide por mayoría, aunque lo que manda es el estado del molusco. Este año fue en febrero y marzo», cuenta.

Las zonas donde cogen a los bivalvos tampoco son de libre elección. Van donde toca. El mes pasado, desde Punta Atravesada, que es compartida, hasta la playa del Canabal, donde acaba Moaña y empieza Cangas. Pilar Fervenza es representante del plan. Coordina el equipo, se ocupa de la seguridad, de comunicarse con la Administración y de que se cumplan las cuotas. Ella manda la información a la cofradía, y esta, a la Xunta. «Antes de cada día 15 tenemos que notificar las zonas para el siguiente mes. Se eligen por equipo y dejándolas descansar. La profesional aclara que en el caso de Moaña, es muy pequeña. «En Cangas tienen las Cíes; en Bueu tienen Ons», pone como ejemplo. «Si el área que nos corresponde fuera más extensa, no necesitaríamos parar tanto. Habría más para alternar», aclara.

El cupo diario que tienen este año es de 15 kilos, dependiendo también de zonas. Hay días que tienen permiso para llegar hasta los 17 «y unos pocos, hasta 20 kilos. Todo ello contando previamente con la aprobación de la Xunta», indica. La pesca va a la lonja, a subasta, pero de la cooperativa, ahora mismo tenemos un comprador único», advierte.

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