Sabina en Groenlandia con una viguesa

Su foto de perfil es un recuerdo por triplicado: su amiga Aida Fernández Ríos, el político Alberto Oliart y el cantante


vigo / la voz

Marita Vázquez de la Cruz es una de esas personas imprescindibles para sobrevivir en días grises. La viguesa, asesora jurídica del Concello ya jubilada e integrante del colectivo feminista Diálogos 90, sabe usar el humor como artefacto capaz de desarticular un comando de sosos. Es el alma y la chispa en encuentros sociales, pero también es de las que lleva en el corazón a sus amigos. Y en este caso, también en la foto de perfil de WhatsApp, en la que se la puede ver con Joaquín Sabina. La historia que hay detrás es lo que no se ve. Ella fue muy amiga de Aida Fernández Ríos. «La quise mucho», dice de la científica viguesa que falleció trágicamente hace tres años en un atropello en Moaña.

La bióloga del CSIC fue de campaña a Groenlandia con compañeros de otros institutos de investigaciones marinas. «Me dijo que también había ido Sabina con ellos. ‘No puede ser’, le dije yo, pero ella insistió: ¡Sí, llevamos todos sus cedés y no paró ni un minuto de cantar!». Esta broma enlaza con un cumpleaños de Alberto Oliart. La periodista Carmen Parada le presentó al político y jurista, ministro por triplicado (de Industria, Sanidad y Defensa con los gobiernos de la UCD de Calvo Sotelo y Suárez). «Con ocasión de su 80 cumpleaños le hicieron una fiesta sorpresa en Portosín a la que me invitaron, y allá me fui. Me encuentro con aquello abarrotado de gente y en medio, Sabina, padre de dos nietas de Alberto». Como recuerda, el cantante estuvo unido a su hija, Isabel Oliart, durante varios años. Marita no perdió la oportunidad. Se acerca, le cuenta la historia de Aida. La llama por teléfono y se lo pasa. «Se pone tan nerviosa que empieza a hablar como una ametralladora. Él casi no pudo pronunciar palabra», asegura. Y cuenta que solo al final, Sabina pudo decirle: «Yo lo que no sabía era que había estado en Groenlandia este verano».

Marita se hizo una foto con él, «para darle envidia y para dársela de regalo», justifica. De aquello hace casi diez años. No pudo darle uso mediático hasta que entró en el siglo XXI hace año y medio: «Tuve un smartphone tardíamente. Me compré un Iphone 7 a plazos. Cuando pego un salto, me lanzo al vacío», ironiza. «Ahora no hay persona humana a quien no le haga una preguntita sobre el aparato, que no lo entiendo. Hasta entonces anduve con uno que era como un arma de destrucción masiva con chimenea, que confundía con el fijo. Y cuando lo tuve, me dije que iba a poner esa foto en recuerdo de Aida, que ya se había muerto; de Sabina, que también me gusta acordarme de él, y de Alberto Oliart. Así que es un recuerdo que tengo por triplicado», resume.

Su estado

«¡Hola! Estoy usando Whatsapp».

Marita no sabe qué es eso del estado de Whatsapp, pero una vez explicado eso de que la gente pone desde frases a iconos, se le ocurre que podría poner: «Lo que más me gusta es el olor a tierra mojada», pero que con Sabina ya llega. Dice que hasta hace un año y medio no tenía móvil, sino un «arma de destrucción masiva».

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