El naufragio del «Ave del Mar» deja 26 fallecidos

El pesquero de Moaña se hundió cerca de las islas Cíes10 de noviembre 1956


La dramática noticia fue notificada por los tripulantes del Quintín, un barco de pesca de Tirán que atracó en el muelle del Real Club Náutico la mañana del 10 de noviembre de 1956. Traía los cadáveres de dos marineros del Ave del Mar, un pesquero de Moaña que había salido a faenar con veinticinco personas abordo. Los portadores de tan triste noticia advirtieron a las autoridades que habían localizado los cuerpos y restos del barco naufragado en las inmediaciones de las islas Cíes. Una lancha de la comandancia viguesa partió hacia la zona del desastre para tratar de localizar a los otros 24 marineros desaparecidos. No encontraron nada.

El Ave del Mar, un pesquero de doce toneladas matriculado en Cangas, había salido a faenar la tarde del día anterior y, según se supo después, fue visto por última vez a la una de la madrugada. La intensa bruma existente en la zona pudo provocar el choque del barco con los bajos del Príncipe.

Moaña detuvo en seco las fiestas de San Martín. La angustia se extendió por la población. Alguien calculó después que el naufragio afectó de una forma directa a mil personas. Los cadáveres recuperados eran de Francisco Nogueira y Manuel Eiroa. Los desaparecidos se llamaban José Pérez, el armador del buque; José Blanco Souto, José Blanco Cancelas, Antonio García, Balbino Vázquez, Ricardo de Sá Sequeiros, Jaime de Sá Meira, Balbino Domínguez, Antonio García, Marcial Pérez, Manuel Santomé, José Martínez, Raimundo Graña, Balbino Iglesias, Jesús Costa, Jesús Couso, Atilio Entenza, Agustín Paredes y Manuel Cordeiro. Y aún pudieron ser más ya que tres marineros habituales de este barco no fueron ese día a faenar; uno por que estaba enfermo, otro acudió a realizar tareas agrícolas y, el tercero, cuando llegó al muelle ya había zarpado el barco.

Aunque la Marina envió a dos buzos a la zona, el mal estado de la mar y el hecho de que aún portaban trajes con mangueras de aire hicieron que no encontraran ningún cuerpo. Fue entonces cuando Eduardo Pérez, padre del armador del barco, José Pérez, pidió a John Potter su colaboración en la búsqueda. Era un americano que dirigía el equipo de búsqueda del tesoro de Rande. Aquellos extranjeros estaban empleando los primeros equipos autónomos de buceo, lo que les permitía moverse en el agua más libremente.

En los días posteriores, Potter y sus «hombes-rana» pudieron localizar 23 cadáveres, que fueron enterrados en Moaña. Sin embargo, nunca apareció el cuerpo del armador del Ave del Mar.

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