Juan Fernández Rivas (Moaña, 1968) El arquitecto que quiso alcanzar el cielo de Moaña

El autor del paseo de O Con murió prematuramente en A Fraga


moaña / la voz

Moaña se despertó conmocionada con la trágica muerte de su arquitecto más conocido, Juan Fernández Rivas, falleció prematuramente a los 47 años ( en junio cumpliría 48). Su cuerpo apareció en el cauce del río da Fraga y su coche en medio del viaducto que atraviesa la garganta del río. La policía estuvo una hora buscando al ocupante del coche, desde que localizó el vehículo al filo de las cuatro de la madrugada.

Rivas fue un artista de gran carácter, muy creativo y autor de algunas de las señas de identidad del municipio costero.

El arquitecto había tenido como pareja a la diputada María Martín Alonso, teniente de alcalde y concejala de Xuventude, muerta también trágicamente en el año 2002 a los 29 años en un accidente de coche cuando conducía su vehículo camino del Parlamento gallego y chocó con un autobús.

Luego fue compañero de Ana Pastoriza, con la que puso en marcha interesantes talleres creativos para niños, siempre ligados al mar, al horizonte limitado de la ría que él siempre traspasaba con sus sueños. Su madre reside en Vigo y un hermano vive en el extranjero donde él probó también fortuna, aunque regresó pronto.

La consternación recorrió el municipio de Moaña cuando se supo el fallecimiento de una persona que soñaba con alcanzar el cielo. Su proyecto de una torre de cien metros de altura en O Con fue uno de los más arriesgados y polémicos pero no tuvo respaldo. Era el año 2010, en pleno bum de la construcción y el arquitecto llevaba trabajando en la idea desde el año 2002. Además de la torre de viviendas planteaba que el pazo que está en ruinas en la misma zona se restaurase y recobrase el acceso al mar mediante dos canales de agua bajo la carretera. «A Moaña le daría una dimensión metropolitana que no tiene», narraba entonces a este diario. La apertura al mar fue una de las obsesiones de esta arquitecto que tenía su estudio-galería frente a la ría de Vigo. Allí guardaba con cariño creaciones de escultura como lámparas de colores realizadas con miles de restos de cristales de botellas rotas arrojadas en la playa por los desaprensivos. El arquitecto vio en este periódico que Ángela Méndez, presidenta de la Asociación de Vecinos de Chapela, había recogido de la playa de Arealonga, junto con otros ciudadanos, una gran cantidad de vidrios para llevárselos al Concello como prueba de que el arenal no estaba limpio. Corría el verano del 2010. «Cuando vi los cristales pensé: ¡Esto es un tesoro!», señalaba. Con este material y resinas azules realizó algunas de sus creaciones más sorprendentes, lámparas en las que iba incrustando trozos de cristales de diferentes colores y texturas que transmitían una luz que semejaba el paisaje que ve un submarinista en sus inmersiones.

Fernández Rivas hizo el paseo de O Con una de las creaciones que más disfrutan los moañeses y los turistas. En la fachada marítima colocó sus esculturas como una ballena o un choco. Esta última, denominada Bufón, le originó problemas de solvencia económica, que, como otros arquitectos, sufría por la falta de trabajo por los últimos años de crisis en la construcción. Como no cobraba la obra, en septiembre del año 2010 llevó a cabo una performance consistente en recubrir la escultura con plástico negro y colocar un cartel: «Fuera de servicio por impago». Ahora el pueblo de Moaña estará eternamente en deuda con él.

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