«Llevo cuarenta años con mi negocio y nos van a obligar a cerrar»

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera GONDOMAR / LA VOZ

GONDOMAR

Luis Carlos Llera

Los comerciantes de la alameda de Gondomar temen el inicio de las obras de semipeatonalización de la zona, donde solo se podrá circular a 10 km/h

02 feb 2024 . Actualizado a las 00:59 h.

Teresa Pereira atiende detrás de un mostrador que tiene 40 años de historia. Alameda es un ultramarinos tradicional de Gondomar donde se confunden el fuerte aroma del bacalao salado con las conservas y chacinas. Al otro lado de la encimera se encuentra Alfonso Amorín, un veterano cliente de Peiteiros que se mueve con bastón y se acerca en coche desde su casa al establecimiento, conocido por la calidad de sus productos y el buen trato de su propietaria. Aunque es muy amable, Teresa no tiene pelos en la lengua y mira con recelo el plan para reformar la alameda, la plaza triangular que esta situada delante de su negocio en el centro, un lugar donde se concentra el comercio de la villa y donde en verano juegan los niños mientras sus padres toman un café o una cerveza.

El Ayuntamiento tiene previsto iniciar las obras en el mes de febrero y Teresa tiene miedo al daño que puedan causar las excavadoras a los comerciantes. «Nos van a obligar a cerrar», comenta con pesimismo. Recuerda el varapalo de la pandemia, cuando todo el casco urbano parecía un desierto. Cree que no está mal modernizar la plaza, pero advierte que «la gente quiere aparcar delante de los negocios para hacer compras. No nos pueden comparar con el Calvario de Vigo», dice la propietaria de un negocio de los de antes. Puntualiza que «queríamos unas aceras más anchas, pero deseamos que la gente pueda llegar hasta aquí porque tenemos el ejemplo de la plaza peatonal del Concello donde han desaparecido casi todos los negocios».

Por la plaza circulan continuamente coches y otros vehículos, muchos de ellos aprovechan al doblar la esquina de la calle Manuel Lamas para repostar en la gasolinera Repsol, que es propiedad de Alfonso Salgueiro. El dueño de este negocio de combustible, lavado de coches y pequeño taller dice que no quiere ir en contra del alcalde. «Para nada», pero «a nosotros nos arruinan». Explica que, con las obras, se van a quedar aislados y para repostar gasolina va a haber que dar un gran rodeo por todo el pueblo.

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El Concello quiere compensar la pérdida de plazas de aparcamiento delante de los bares y tiendas de la alameda durante las obras con la construcción de un párking en el descampado que hay en la travesía de la calle San Bieito, donde se encuentran el hotel y la cafetería Cristaleiro, cuyo dueño, Gabriel Álvarez, también está muy preocupado: «Van a dejar de venir visitantes». La entrada del aparcamiento estará delante de su terraza, que hoy en día es una calle peatonal donde está situado un centro de día para mayores. El dueño del hotel señala: «No tenemos información de las obras. Nos gustaría tenerla para podernos organizar el calendario de vacaciones con los empleados mientras las aceras están levantadas».

Las opiniones son diversas y, mientras los negocios temen por su futuro inmediato, los padres de niños de corta edad como Andrea cree que la plaza va a ganar con el cambio. «Me parece estupendo para el pueblo», dice agarrando con firmeza la mano de su hija para que no cruce delante de los coches.