Condenado un agricultor de Gondomar por maltratar a su esposa 25 años tras obligar a su hija pequeña a trabajar el campo

e. v. pita VIGO / LA VOZ

GONDOMAR

E.V.

Aceptó un año y 9 meses de cárcel por obligar a su esposa a cocinar varias veces si no le gustaba el plato, comer roxóns quemados o tocino crudo, beber una botella de vino entera y pegarle si hacía mal las tareas agrícolas. En el 2018 fue condenado por humillaciones a una hija.

26 abr 2021 . Actualizado a las 20:58 h.

El Juzgado de lo Penal número 3 de Vigo ha condenado a un vecino de Gondomar por un delito de violencia de género continuada hacia su mujer durante todo su matrimonio, que duró 25 años. En el 2018, el mismo acusado aceptó otra condena por obligar a trabajar a su hija de doce años en el campo, pegarle con una azada y humillarla.

En esta ocasión, era un juicio por el maltrato a su esposa en innumerables ocasiones entre 1993 y el 2018. Una vez incluso le puso un cuchillo al cuello para amenazarla. La jueza de Violencia sobre la Mujer de Vigo, en su día, señaló que el implicado creó en su hogar una «atmósfera de miedo y hostilidad» hacia su cónyuge. La vejaba con insultos despreciativos y le exigía que cocinase varias veces si el plato no era de su gusto, o la obligó a comer una fuente entera de roxóns fritos que se le habían quemado o ingerir un trozo de tocino rancio y crudo porque siempre la culpaba a ella de todo lo malo que le sucedía. Si se le caía y rompía una vajilla, le pegaba. Además, le pegaba si hacía mal las tareas agrícolas. Otra vez, siempre bajo amenazas de agresión, le obligó a beber una botella de vino contra su voluntad, lo que le generó problemas de salud.

Siempre según la investigación judicial, también le daba patadas, puñetazos, bofetadas e incluso la golpeó una vez con una barra de hierro si él estimaba que alguna tarea había sido ejecutada mal. Una vez que le rompió una costilla, ella contó en el hospital que se había caído por miedo.

La mujer sufrió ansiedad, hipervigilancia, desconfianza, miedo alteración del sueño y necesitó tratamiento psicológico. Dado que en esa época, había otro proceso contra él por las humillaciones a su hija, el implicado amenazó a la esposa.

El implicado se declaró culpable del maltrato continuado en una vista de conformidad y aceptó un año y 9 meses de cárcel aunque la ejecución de la pena se suspendió durante tres años. Le imponen también 112 días de jornadas en beneficios de la comunidad y tendrá que pagar 5.000 euros de indemnización a su mujer, de la que actualmente está alejado, lo mismo que de sus hijas.

En el 2018, el padre aceptó una condena de tres años de cárcel por exigir a la hija de 12 años que lo ayudara a realizar trabajos de la casa, tales como levantar postes con grúa, cortar leña, trabajos en el campo excesivos para su edad y complexión física. El progenitor se enfadaba si los hacia mal, la golpeaba y la humillaba si lo hacía mal con insultos vejatorios y despreciativos. En la Navidad del 2016, el agricultor mandó a la menor ayudarle a colocar unos postes de luz, le dio puñetazo en las costillas, la amenazó de muerte y le dio una patada en el costado. Quince días antes, mandó a la niña alzar unos postes para el techo de la cuadra de la finca familiar y la golpeó de nuevo. Al regar la finca, le pegó con la azada en la espalda.