De Gondomar a Doha para montar pistas de esquí junto al desierto

El ingeniero Gonzalo Pérez está al frente de obras de refrigeración, como el sistema de La Meca, que es el más grande del mundo


gondomar / la voz

Moisés ya buscaba agua en el desierto del Sinaí con ayuda de su bastón. 34 siglos después los oasis no solo tienen agua. Un vecino de Gondomar construye pistas de esquí en lugares similares de Asia Occidental. El ingeniero industrial Gonzalo Pérez González, de 37 años, levanta estos parques de hielo, con casitas para pingüinos incluidas, en lugares que rondan los 50 grados de media en verano. Ahora mismo, está inmerso en el proyecto de Doha, la capital de Catar, donde este año se celebrarán los Mundiales de atletismo, primeros en Oriente Medio. El sol del desierto árabe golpea tan duro en esta ciudad del Golfo Pérsico, que la maratón y la marcha serán de noche. «Para hacer una pista de esquí es muy importante calcular la temperatura ambiente, que aquí es muy alta, aparte del CO2 desprendido y luego desarrollar el proyecto, conseguir nieve de calidad es difícil», explica el ingeniero, que ya obró un «milagro» similar en Egipto. «La pista tiene 200 metros de largo, 12 de ancho y 50 % de caída. Además aquí en Oriente Medio, se incluyen también casitas para pingüinos, porque se instalan allí y forman parte del parque», apunta Gonzalo Pérez.

Hace diez años que inició su odisea por Asia. «Trabajaba en una empresa de Vincios cuando surgió un proyecto en Jordania, yo tenía 27 años y pensé que era una buena oportunidad laboral y, de paso, para poder viajar», recuerda. En Jordania instalaron un sistema de refrigeración para una fábrica de vegetales y después en Egipto, para una industria de pollos. La crisis pudo con su empresa de Gondomar, pero su colaboración en Asia con la alemana G.E.A., hizo que lo ficharan y, a día de hoy, es su jefe de proyectos en Middle East, el gran Oriente Medio.

En los Emiratos Árabes montaron el sistema de refrigeración para Almarai, la lechería más grande de Arabia Saudí y después ya fijó su residencia en Dubái. Más bien su piso para sábados y domingos. «Hubo semanas que estaba un día en Omán, otro en Pakistán y luego aún iba a Arabia Saudí, antes de volver a Dubái», explica este gondomareño dejando entrever su «morriña». «Creo que ya va siendo hora de volver a casa y tener una vida normal, poder tener una familia y una rutina», avisa.

En su currículo hay proyectos por una veintena de países de Asia, pero acumula aún más experiencia humana. «Mi empresa construyó para La Meca el sistema de refrigeración más grande del mundo, como consta en el registro de los Guinness. Yo era uno de los responsables y, a parte de tener que pedir permisos especiales, me pasé tres meses del 2013 trabajando escoltado por la policía, no se podía entrar ni con teléfono», recuerda. Entre los más curiosos destaca el de una fábrica de helados o el trabajo con guardaespaldas en Palestina. También momentos duros en países, como Irak, «viendo gente muerta alrededor y el conflicto entre países». El bagaje cultural le permite dominar el inglés y el árabe, «ahora ando con el chino a vueltas y sé lo básico de italiano y francés». Para practicar gallego aún le quedan unos kilómetros porque tras Catar ya le espera otra pista en la India.

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