«Elas xa son parte da miña familia»

Henrique Porto lleva diez años acogiendo niños del Sáhara todos los veranos


VIGO / LA VOZ

Entre los zumos y los cereales del desayuno se escucha gallego y hasaní, la lengua que hablan en el Sáhara Occidental. Tarba (significa tierra en hasaní) y Zahra (flor no idioma do Sáhara) llegaron a la casa de Henrique Porto en Gondomar a principios de julio. Ya es su quinto año entres esas paredes, lejos quedan los problemas de los primeros días; no hablaban ni español ni gallego, no se acostumbraban a la comida y la morriña que sufrían en Galicia era muy grande. Poco a poco fueron entendiendo que allí también podían disfrutar y tener una familia, se acostumbraron al verde del monte y al azul del mar y los desayunos dejaron de ser monólogos en gallego y en hasaní para ser una conversación en tres lenguas.

Henrique Porto es profesor de gallego ya jubilado, su relación con el pueblo saharaui comenzó en el 2007. Llamaron a su puerta preguntando si quería cooperar en el programa de Vacaciones por la Paz. Cuenta que le explicaron as condiciones que tenían que vivir los niños en el desierto durante julio y agosto y dijo «por que non». Ese verano llegó a su casa Edaih, un niño de siete años con miedo a salir de su hogar de adobe en Tinduf. Para él todo era nuevo en O Val Miñor: «comeu peixe, viu o mar e utilizou auga corrente por primeira vez». Las primeras semanas fueron duras para las dos partes pero cuando «comezou a romper o cascaron todo foi máis fácil”. Ese fue el primer verano de los siete que pasarían juntos Edaih y Henrique, tiempo en el que se «converteu nun galego máis, incluso fala a nosa lingua, é como da familia». Normalmente los niños saharauis se quedan hasta los 12 años pero “el quedou ata os 14 porque nun verán descubrimos que era celíaco”, durante julio y agosto también se aprovecha para hacer pruebas médicas a los niños porque en los campamentos de refugiados no tienen los medios suficientes.

Henrique Porto habla de estos niños orgulloso. Está sentado en una mesa con un café vacío empapándose en recuerdos de Edaih, Tarba y Zahra. Esos tres nombres del desierto ya son parte de su vida porque «o mellor destes nenos e que aprendemos moito deles e con eles», con una sonrisa explica que ellos tienen valores que «nós xa non temos como a tradición, a lingua e a solidariedade».

Este año será el último de las dos niñas que «xa son parte da miña familia», pero está seguro de que «o ano que vén virán máis rapaces», espera que sean más familias las que se unan al programa para «traer o máximo de nenos posible» y pide el apoyo de todos los «concellos da zona», cuenta que «este ano todos axudaron no programa menos Baiona e A Guarda».

La relación del profesor de gallego con el Sáhara no se limita solo a julio y agosto. Desde que conoció a Edaih un lazo invisible le unió al destino del pueblo saharaui. Visitó tres veces los campamentos de Tinduf y vivió con las familias de los niños que el acogió. Sus primeros días en el desierto «foron duros» porque le costó acostumbrarse a la falta de comodidades. Ante sus ojos solo habría una gran extensión de jaimas (carpa bereber) y casas de adobe dentro de la inmensidad del desierto que «se comeza a querer cando coñeces o factor humano», recuerda con «felicididade cando tomábamos os tres tés do día: un amargo como a vida, un suave como o amor e un doce como a morte».

Conocer de cerca la situación del Sáhara provocó en Henrique una «sensación de inxustiza» que lo llevó a convertirse en un activista por la causa del pueblo saharaui. Visitó el país, territorio ocupado como lo llaman, dos veces. La primera vez acompaño a una delegación de diputados del Parlamento de Galicia en su visita a distintas lugares del Sáhara Occidental, Henrique Porto explica que «a policía estaba detrás de nós en todo momento ata que terminamos a visita». La segunda vez ni los dejaron bajar del avión por «ternos reunido con xente perigosa según a policía».

La relación de Henrique con la causa es tan grande que lo consideran ya uno más de la familia y piensa en volver a Tinduf cargado de regalos en un futuro.

Aprendizaje. Para Henrique Porto vivir con niños del Sáhara es un aprendizaje constante de solidaridad, tradición y sencillez.

Reto. El vecino de Gondomar cuenta que los primeros días siempre son un reto de adaptación para los niños y la familia.

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