Un pirómano y muchos incendiarios

Un agente del Seprona explica su trabajo en los incendios a los escolares de Chandebrito


Nigrán / la voz

«Yo estuve aquí, al lado de vuestro colegio. Somos solo cuatro guardias civiles para toda la demarcación». Con estas palabras inició ayer la charla en el colegio Estudio, de Chandebrito, Antonio Vázquez, guardia civil de la patrulla de Seprona. Durante la primera parte los alumnos de primaria y secundaria tuvieron ocasión de conocer las labores que a nivel general desarrollan los agentes, mientras que la segunda se dedicó de lleno a los incendios.

La colaboración ciudadana es fundamental a la hora de enfocar la investigación. Claro que puede resultar tan beneficiosa como perjudicial. «Es importante que la gente nos encamine y diga por ejemplo: ‘desconfío de Pepe el electricista’», comenta. Sin embargo, no siempre se acierta. Como ejemplo puso el caso del incendio registrado en Fornelos de Montes, en el que murieron dos brigadistas. La prensa apuntó a un basurero como origen del fuego y Seprona detectó que el incendio lo originó un vecino de la zona por problemas de caza. «Hay muchos problemas con los cotos, se planta fuego a uno que tiene mucha caza para que los animales vayan a otro.

«¿Por qué suelen tener lugar los incendios a última hora del día?», preguntó Vázquez. Los alumnos dieron en el clavo: «porque las avionetas no pueden volar de noche». A eso se suman otros dos ingredientes fundamentales como son las altas temperaturas y el viento. Esta explosiva mezcla hace que el trabajo de investigación se complique al día siguiente.

Además del problema de los cotos, detrás de los incendios subyacen otras causas involuntarias, como la caída de rayos, fines agrícolas o comerciales (quema de rastrojos), hacer barbacoas en zonas que no estén limpias, tirar cohetes y fuegos artificiales. «No entiendo que se autorice a Chandebrito a tirar una hora de fuegos en una época de peligro», comenta el agente, tras advertir del peligro de las colillas. Luego están los actos de espiritismo con velas, como el detectado hace años en el monte de A Madroa. A veces son las propias fuerzas de seguridad las que generan un incendio para que el fuego no avance por donde le resulta más fácil. Al margen de las anteriores están las causas intencionadas, entre las que figuran la regeneración de pastos y limpieza de fincas. El guardia civil de Seprona dejó claro que no es lo mismo pirómano que incendiario, pese al uso indistinto que hacen los medios de comunicación habitualmente. «En 21 años detuve solo a un pirómano y a muchos incendiarios». El primero tiene una tendencia patológica o enfermiza a provocar incendios, algo que requiere del diagnostico médico. Los incendiarios provocan el fuego de forma intencionada, pero ningún médico los ha diagnosticado como pirómanos.

A la hora de investigar, cada guardia civil va por un lado y recoge información. Así evitan contaminarse con lo que la gente les cuenta, que podría ser falso y no interesar. Después contrastan. «La investigación nos suele llevar al origen exacto donde empezó el fuego. Todo nos habla, buscamos hasta en las piedras. Luego le llevamos los datos al juez. Es difícil que una persona tenga que pagar por ello si no está muy bien demostrado», dice.

«¿Hay ahora peligro de incendio?», pregunta un alumno. «Siempre hay, aunque ya quede poco. El eucalipto vuelve a salir, habría que hacer limpieza, que no se hace. Si estuviera la carretera limpia no se haría un túnel de fuego. Habría que hacer puntos limpios en vez de quemas, pero todo eso vale pasta», indica.

«O monte nace na escola» compromete a todos los alumnos

As Neves recordó ayer los incendios con la presentación del programa O monte nace na escola. Está dirigido a todos los alumnos del municipio, desde la etapa infantil hasta la de bachillerato. El objetivo es comprometerles para incorporar elementos de convicción que garanticen la supervivencia del medio ambiente de la localidad. Las medidas impulsadas por el Concello incluyen el plan Sementando vida, que permitirá plantar 10.000 árboles desde el próximo mes hasta febrero del 2019. Se colocarán en el sendero de los pescadores, en el entorno del río Miño, un vial por el que entró hace un año el fuego. Arrasó 4.000 hectáreas, quemó cerca de una treintena de casas y acabó con empresas del sector primario.

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