Homenaje al «Angrois de Crecente»

Cien años después, se prepara un reconocimiento a las 19 víctimas y a los héroes anónimos de uno de los peores accidentes de tren del siglo XX


crecente / la voz

El tren correo que salió de Madrid el 10 de marzo de 1915 nunca llegó a Vigo. Ese día se escribió uno de los sucesos más trágicos de la historia del ferrocarril en Galicia. El viaje se truncó en Crecente, entre las estaciones de Filgueira y Frieira cuando en el lugar de Grobas, de la parroquia de Sendelle, un gran volumen de rocas se desprendió de un talud que flanqueaba la vía. La locomotora y seis unidades del convoy fueron alcanzados por el corrimiento de tierras, quedando semienterradas y resultando aplastados tres coches por el peso de las piedras. Fue el último viaje para 19 de los pasajeros y otras 25 personas resultaron heridas.

El juez de paz de Crecente, Román Iglesias Fernández, es el promotor de una iniciativa que pretende recordar a los vecinos que perecieron pero también rendir un «merecido homenaje a los habitantes de Sendelle y de las parroquias que ese día dieron una lección de solidaridad y supieron suplir la carencia de medios con su tesón y esfuerzo, digno de que sea, aunque tarde, públicamente reconocido», indica Román Iglesias. «Los vecinos de Sendelle pero también los de Angudes, Freixo y Frieira, no han tendido reconocimientos ni condecoraciones, como tampoco los fallecidos han sido despedidos con un funeral de Estado, motivo por el que, al cumplirse el primer centenario más fuerza nos da conmemorarlo», añade.

Durante los últimos meses, el polifacético juez de paz, que recientemente publicó su libro Recordar es vivir, se ha entrevistado tanto con la alcaldesa, Marisol Gómez, «que se ofreció para colaborar con todo», como con descendientes de algunos de los héroes de aquella negra jornada, para que esa conmemoración beba de los recuerdos y hechos más fidedignos que se pueda.

Entre esos hombres y mujeres que el 10 de marzo de 1915 dieron una lección de humanidad, recuerda al doctor Luis de Anguiano, que acompañado por el farmacéutico y llevando a lomos de un caballo lo más indispensable, ofreció la primera asistencia en el lugar. Román Iglesias se entrevistó con sus nietos. «Me manifestaron que algo recordaban por lo que se les habían contado sus respectivas madres, pero no tenían constancia de que se le llegara a conceder la cruz de beneficencia para la que fue propuesto por el gobernador civil ese mismo año, «por su participación en la catástrofe de Frieira, digna de los mayores elogios». La Compañía de Ferrocarriles le concedió el derecho vitalicio a él y a su familia de viajar gratis en sus trenes y en primera clase.

Román Iglesias ha rescatado ya otros nombres del olvido, valiéndose la documentación de la época. «As mulleres de Sendelle coa señora Xoaña da Meleira á cabeza, puxéronse a preparar caldo de galiña e, coas potas na cabeza, camiñaban cara a Groba para levarlle algo quente aos feridos que estaban tirados pola beira da vía. Por este labor, Xoana foi gratificada pola Compañía do Ferrocarril, con 12 pesos», dice. También desempolvó una carta escrita por parte de los supervivientes al director general de Obras Públicas en la que se quejaban de la tardanza en recibir ayuda por parte de los organismos correspondientes y destacaban el gran sacrificio que habían hecho los vecinos para socorrerlos. Manifestaban, señala Román Iglesias, el esfuerzo de Xosé Piñeiro do Freixo, que se encargó de organizar los trabajos de rescate hasta que llegó el personal de la compañía y, por la noche los condujo a pie por la vía hasta Frieira, donde tuvieron que esperar hasta que un tren volviera a recogerlos.

La ayuda no llegaba

El accidente se produjo a las 15.15 horas pero hasta las 18.25 horas no llegó el primer tren de socorro desde Ourense y el de Vigo no lo hizo hasta las 20.30 horas. Las primeras víctimas llegaron a la ciudad olívica doce horas después del siniestro, recuerda Román Iglesias. Explica que los heridos que estaban menos graves eran llevados por vecinos durante tres kilómetros hasta Frieira. «Todos y cada uno de los traslados era coordinado y decidido por el doctor de Crecente, Luis de Anguiano», destaca.

El total de los viajeros rondaba el medio centenar y, entre ellos, la compañía de Zarzuela Angelotti, que había actuado en el Teatro de Variedades de Ourense y que se dirigía a Vigo. Cuatro de sus componentes fallecieron en las vías y otros seis, resultaron heridos.

Regresaban desde Ribadavia

Román Iglesias ha indagado también sobre las víctimas cuyos restos descansan en el cementerio de Crecente. Algunos regresaban de la feria de Ribadavia, como Urbano Álvarez Rodríguez, que dejó una niña de tres meses, Francisco Estévez, padre de ocho niños o Manuel Vázquez González, progenitor de otros cinco. En la lista negra está tambieén José Agueitos Santos, de 26 años, soltero, cabo licenciado del ejército en Melilla, que regresaba a casa de sus padres en O Caramiñal. «Los pueblos que olvidan su pasado, no saben de dónde vienen ni hacia donde van y, todo esto, forma parte de la historia de nuestro pueblo, historia triste y dramática que no debe ser olvidada y sí reconocida», explica Román Iglesias. «Todos han sido protagonistas, unos víctimas, los otros héroes anónimos» considera el promotor de este reconocimiento.

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