Rubén Fernández asumirá el relevo generacional en la histórica heladería de Cangas La Fiorentina, sin renunciar a la esencia ni al producto artesano mientras mantiene Namelaka como espacio de creación
16 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Durante el último lustro, Rubén Fernández encontró en su heladería, Namelaka, el espacio donde desarrollar su faceta más creativa. Ahora afronta un desafío diferente: liderar el relevo generacional de La Fiorentina, la heladería fundada en Cangas por su padre, Gerardo Fernández, que el lunes cumple 64 años y hace más de 40 lidera un referente del helado artesano que este verano ha vuelto a aparecer entre las mejores de España en publicaciones de ámbito estatal. Namelaka, también en Cangas, seguirá siendo su laboratorio de ideas del hijo; La Fiorentina, el proyecto llamado a escribir el siguiente capítulo de una historia familiar que comenzó en 1985.
Gerardo y su hermano abrieron una pastelería que fue creciendo entre aperturas, traslados y cierres de locales hasta consolidarse en la comarca de O Morrazo. Durante años el negocio estuvo centrado en la panadería, la pastelería y el chocolate, pero la curiosidad por seguir aprendiendo llevó a Gerardo a fijarse en otro mundo: el del auténtico gelato italiano. Todo empezó con un libro, Los secretos del helado, del maestro Angelo Corvitto, que se fue de la lengua cabreando a todo el gremio. Aquella lectura despertó en el padre de Rubén un interés que acabaría llevándolo a viajar a Italia, formarse y trasladar ese conocimiento a su localidad natal. En el 2006, La Fiorentina incorporó los helados a su oferta y el éxito fue tan rápido que apenas un año después abrió un local específico frente a la pastelería para dedicarse exclusivamente a ellos.
La pasión por el oficio también la heredó Rubén, aunque decidió completarla con formación profesional. Estudió Hostelería, cursó Pastelería en el CIFP Carlos Oroza y más tarde amplió estudios en el Basque Culinary Center, donde se especializó en formulación y desarrollo de recetas. «Ahí me enseñaron a ser totalmente autónomo a la hora de desarrollar y crear lo que quisiera, con papel y boli», recuerda. Esa formación, unida a lo aprendido desde niño en el negocio familiar, le permitió empezar a elaborar recetas propias. «Creamos y desarrollamos nuestras propias fórmulas. Por eso nuestros helados tienen una textura tan cremosa y una personalidad muy marcada», explica.
La Fiorentina mantiene hoy una identidad muy definida. Si algo ha cambiado en estos años son las instalaciones. Siguen en el centro de Cangas además de servir a negocios de hostelería, pero fabrican en un obrador en Aldán. Lo que apenas se ha movido es la forma de entender el producto. «Intentamos tener lo de aquí», resume Rubén. La leche llega varias veces por semana desde una explotación de A Estrada; el pistacho y la almendra son nacionales siempre que es posible; la avellana procede de Italia y el resto de ingredientes se seleccionan buscando siempre la máxima calidad. «Pagas un poco más, pero al otro lado hay una persona con su producto y eso es una maravilla. Al final todo se vuelve muy frío cuando compras a gran escala», reflexiona.
Esa base acaba reflejándose en la vitrina. Como desde el principio, durante el verano no cierran y ofrecen 40 sabores, algunos convertidos en auténticos clásicos de la casa. El más representativo es el helado La Fiorentina, elaborado con mantecado, naranja y chocolate. «Es nuestro helado más emblemático», resume. A él se ha unido el creado para celebrar el 40 aniversario del establecimiento, una combinación de almendra, pistacho y naranja confitada que nació como edición especial y terminó quedándose en carta. «Gustó muchísimo y decidimos dejarlo porque la gente lo seguía pidiendo», explica.
Sin embargo, los clientes siguen teniendo muy claros sus favoritos. «Los que más se venden son, sin duda, el sorbete de limón y el Ferrero», afirma. Junto a ellos aparecen propuestas muy vinculadas a Galicia, como los helados de queimada, licor café o albariño, además de elaboraciones creadas para bodegas y otros proyectos gastronómicos. «Trabajamos muchas veces con productos gallegos y hacemos desarrollos personalizados. Nos gusta jugar con lo que tenemos cerca», señala.
Aunque Namelaka seguirá siendo su espacio de experimentación, Rubén sabe que ambos proyectos responden a filosofías diferentes. «Namelaka es como el laboratorio. Ahí trabajamos por colecciones, hacemos catas, eventos, fermentaciones, ahumados... La vitrina está viva y cambia continuamente», explica. En La Fiorentina ocurre lo contrario. El equilibrio entre tradición e innovación marcará la nueva etapa. Mientras su padre prepara poco a poco la jubilación, va asumiendo cada vez más responsabilidades e introduce algunos cambios sin perder la esencia. «Estamos haciendo un rebranding, incorporando desayunos, meriendas, copas de helado y eventos».