Hoy empieza en Cangas la instalación de cerca de 200 paneles solares para abastecer a 31 familias y seis empresas
01 jul 2026 . Actualizado a las 23:15 h.Todavía no ha empezado a generar electricidad, pero ya tiene toda su capacidad comprometida. La comunidad energética de Romarigo inicia hoy en Cangas la instalación de cerca de 200 paneles solares sobre la cubierta del pabellón de Romarigo, con los 37 socios que integran ya la comunidad La demanda ha sido tal que mantiene una lista de espera y estudia ya una segunda planta sobre otro edificio municipal para dar cabida a nuevos participantes.
«La instalación está llena. Hay lista de espera», resume el presidente de la comunidad energética Romarigo, José Luis Gestido. «Casi sin publicidad completamos la instalación. Esto nos está llevando a intentar, una vez tengamos esta en marcha, arrancar con otra», añade. Gestido explica además que otra comunidad energética impulsada en Moaña inició antes su tramitación, pero «no tienen aún los permisos». «La nuestra será la primera que se pone en marcha», sostiene.
La iniciativa nació el pasado agosto, cuando cuatro vecinos de la parroquia de Coiro comenzaron a dar forma al proyecto. «Empezamos de boca en boca y casi sin darle publicidad completamos la instalación», recuerda Gestido. Aquella idea empieza hoy a hacerse visible con la colocación de los primeros paneles sobre la cubierta del pabellón de Romarigo, que abastecerá mediante autoconsumo compartido a 31 familias y seis empresas locales, cuyos consumos superan los 220.000 kilovatios hora anuales.
La planta contará con una potencia nominal de 100 kilovatios, que alcanzará los 130 kilovatios pico, el máximo permitido para este modelo asociativo sin ánimo de lucro. Esa limitación impide ampliar la instalación actual, por lo que cualquier crecimiento deberá realizarse mediante una nueva planta independiente. «Hay gente que está demandando entrar. Una vez terminemos esta existe la posibilidad de instalar otra», explica Gestido. Entre las alternativas que ya maneja la comunidad figuran la Casa do Concello y el pabellón de O Gatañal.
Sin campañas de captación, la comunidad ha reunido ya a 37 socios, entre ellos seis pequeñas empresas. Cada participante ha contratado entre uno y cinco kilovatios, un límite fijado deliberadamente para repartir la capacidad disponible entre el mayor número posible de usuarios. «Limitamos a cinco kilovatios para que sean el mayor número de socios los que participen», explica el presidente.
La producción se concentrará en una única instalación ubicada sobre una cubierta municipal cedida por el Concello, desde donde la energía se repartirá entre todos los socios en función de la potencia contratada por cada uno. «No es lo mismo montar diez kilovatios para una vivienda que cien para compartirlos», sostiene Gestido, que defiende este sistema porque reduce los costes de instalación y evita multiplicar pequeñas plantas individuales.
La nueva comunidad energética moviliza una inversión cercana a los 80.000 euros. De esa cantidad, alrededor de 45.000 proceden de una ayuda del Inega, cofinanciada con fondos europeos Feder, mientras que el resto ha sido aportado por los propios socios, con un coste aproximado de 800 euros por cada kilovatio contratado. «Es una inversión de futuro a corto plazo», afirma Gestido, convencido de que el ahorro empezará a apreciarse «en el primer mes de la factura de la luz». El presidente destaca además la rapidez con la que ha avanzado el proyecto y asegura que responsables de la Diputación y de la Xunta le trasladaron que la tramitación de Romarigo figura entre las más ágiles de las comunidades energéticas que conocen.
La instalación física se prolongará durante unas tres semanas. Después comenzará la tramitación para legalizar la producción, adaptar los contadores y formalizar la gestión con las comercializadoras de cada uno de los socios. Si los plazos previstos se cumplen, la comunidad confía en empezar a consumir la energía producida a partir de septiembre. El siguiente paso será decidir si los excedentes se almacenan en baterías físicas o virtuales y si la demanda existente justifica impulsar una segunda planta sobre otra cubierta municipal.