El bosque encantado de Cangas

María Guntín
María Guntín LUGO / LA VOZ

CANGAS

El bosque encantado de Cangas
El bosque encantado de Cangas M. G.

Sarcófagos medievales en los que descansar, un castillo con puente levadizo incluido y un enclave que permite imaginar cómo era la Finca de O Frendoal, propiedad de los Condes de Canalejas, hace 50 años

31 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Adentrarse en el bosque encantado de Cangas es viajar en el tiempo para protagonizar una película del siglo pasado. La espesa vegetación, la luz colándose entre las copas de los árboles y el patrimonio que esconde este recinto ubicado en la aldea de Aldán conforman un escenario cinematrográfico que no deja indiferente a los visitantes y que permite entender cómo transcurría la vida en este lugar hace 50 años. Para llegar, al no haber indicaciones ni paneles informativos, hay que buscar el río Orxas y a 50 metros de la carretera se vislumbra un pequeño camino que da acceso al recinto.

La Casa Torre de Aldán se vislumbra unos pasos después de entrar en la Finca de O Frendoal, que es el otro nombre que recibe el popularmente conocido como bosque encantado. Una pequeña senda más descuidada de lo que debería conduce hasta la propiedad de los Condes de Canalejas, que en tiempos fueron importantes terratenientes de la comarca. El castillo está rodeado de una finca de enormes dimensiones que servía para las cacerías familiares del siglo pasado. Sin embargo, cuando se construyó la carretera PO-315 en los años 80, el terreno quedó dividido en dos y parte del mismo pasó a las manos del Concello de Cangas como una cesión temporal que le permitió abrir el espacio al público.

Sin paneles informativos, lo único que permite entrever la historia de este lugar son los libros o Internet, aunque la fuente más fiable son los vecinos que viven en esta aldea de la costa de Pontevedra. Ellos son los que cuentan que el castillo, del cual solo queda la fachada y parte de la división interior, fue construido en los años 60, pero que nunca llegó a lucir terminado. Servía como lugar de descanso para los condes, cuyo escudo aún está en la parte frontal del monumento. Cuenta con un pequeño torreón y un puente levadizo en la parte frontal permite acceder a las dependencias, pero su estado de semiabandono hace que sea una tentación peligrosa. Lo más operativo es entrar por la parte trasera para entender así cómo fue diseñada la fortaleza.