Massó entra en la lista roja de patrimonio

La emblemática conservera de Cangas se cae a pedazos al cumplirse 25 años de su abandono


cangas / la voz

La antigua fábrica de Massó acaba de entrar en la lista roja del patrimonio, una iniciativa de la asociación Hispania Nostra en la que se incluyen los bienes de toda España que se encuentran en peligro de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores. La situación de la histórica fábrica conservera y de la factoría ballenera de Cangas es de «abandono total», según la catalogación de este colectivo conservacionista. Se trata de unas instalaciones con protección «por estar incluidas en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial», que «se encuentra en un estado de conservación realmente malo, de total abandono», recoge la ficha del último elemento patrimonial que entra a formar parte de este catálogo de las vergüenzas.

Hispania Nostra la describe como uno de los ejemplos más notables de arquitectura industrial del siglo XX en Galicia. «Interesante no solo por sus valores estéticos, sino también históricos, al estar estrechamente relaciona a la historia de Cangas y al desarrollo industrial de las Rías Baixas», indica la entidad. Forma parte de un complejo industrial que incluía, además de la conservera, una planta de procesado de ballenas e instalaciones destinadas al procesamiento de derivados de la pesca, envases, instalaciones para la reparación de buques, talleres de reparación mecánica, planta frigorífica y saladeros. Durante la Guerra Civil, y bajo la gerencia de Gaspar Massó, la factoría experimentó su mayor incremento porque las conservas gallegas fueron usadas para suministrar a los territorios ocupados por los nacionales.

En su bibliografía, Hispania Nostra recoge dos publicaciones de La Voz de Galicia. Hace 25 años que la sirena de la fábrica, que marcó el ritmo de los vecinos de la villa durante décadas, dejó de sonar. Aunque la actividad cesó en 1994, durante un tiempo hubo intentos fallidos de reflotarla. La desunión sindical abortó hace un cuarto de siglo el intento de un grupo de trabajadores por hacerse cargo de la producción en la que llegó a ser la mayor conservera de Europa. La factoría, inaugurada en 1942, quedó abandonada. La salitre y el orín carcomen desde entonces la estructura del complejo industrial, que llegó a tener más de un millar de empleados directos. Massó fue también una de las fábricas más avanzadas de su época. Los trabajadores tenían un comedor y duchas, disponían de asistenta social, guardería para los hijos de los empleados y hasta un pequeño hotel para los comerciales, visitas y directivos.

Ahora, las instalaciones agonizan sin remedio en el paseo principal de la villa. Pertenecen a Abanca, que se quedó con el inmueble por la deuda de Marina Atlántica. La promotora nunca llegó a ejecutar el diseño de Norman Foster debido a la contestación vecinal y a la oposición de parte de la corporación.

También está en la lista roja de patrimonio la factoría ballenera, con un lugar destacado en las instalaciones de 183.000 metros cuadrados.

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