«En Santiago hay un gran respeto en educación vial, nadie toca el claxon»

Gustavo Marcos Cancelas estudió Física pero nunca pensó en la docencia, «la monotonía no me seduce»


Santiago / la voz

Nació en Moaña en 1966, pero Gustavo Marcos Cancelas se crio también en Cangas. De sus vecinos destaca que desconocen «la fatiga de combate». Si reivindican, reivindican hasta el final. Pronto se vino a Santiago, a estudiar Física a la USC, poco antes del proceso de segregación de la única universidad gallega en las tres actuales. Eligió la carrera porque le apasiona una disciplina «que estudia desde lo más pequeño que te puedas imaginar, el átomo, a lo más grande, la astrofísica, el universo... Todo eso lo hace la física».

En sus años universitarios vivió en un piso como miles de estudiantes y recuerda el ambiente de finales de los 80, «fueron tiempos fantásticos e intensos». Pero a pesar del gusto por la física como ciencia, nunca se planteó la docencia como salida laboral, «no me seduce esa monotonía de explicar las leyes de Newton durante 25 años, porque desde 1687 no han cambiado». Asegura que al terminar la carrera «ya sabía que quería dedicarme a la alta dirección», así que volvió al sur para estudiar un MBA de dos años en Vigo. Eran muy buenos años para los alumnos que finalizaban este tipo de estudios, «mi problema era elegir con quién me casaba, al terminar tenía tres ofertas de trabajo». Se fue a Caixanova, al departamento de márketing estratégico, en donde estuvo siete años, «yendo a trabajar en barco todas las mañanas desde Cangas».

Tras siete años, la vida laboral lo trajo de nuevo a Santiago, una ciudad que ya no dejó. Tenía 29 años y comenzó a trabajar en Cortizo, en Padrón. «Me siento de Compostela como el noventa y pico por ciento de los que no somos nativos pero sí lo somos de adopción», explica.

Y se siente santiagués porque aquí lleva la mayor parte de su vida y porque las ventajas que ofrece la ciudad la hacen inigualable. Habla del walking distance, que permite ir caminando a cualquier rincón, y sobre todo de los parques, como el Carlomagno, que elige como rincón «somos medalla de oro en más metros cuadrados verdes por habitante de España». Y los disfruta, «pasear media hora al día te da dos ventajas que nadie puede superar: vivir más y mejor». Del parque elegido, casi un secreto para muchos vecinos, destaca el skyline, las espectaculares vistas de la ciudad que ofrece, la pendiente extrema, los árboles bajos con doscientos metros de hortensias, o la espectacular escalera central que va desde Fontiñas hasta lo alto de este espacio verde.

Pero a estas dos cualidades de Compostela, Gustavo Marcos añade una tercera que es señal inequívoca de la calidad de vida, «en esta ciudad hay un enorme respeto en educación vial, nadie toca el claxon del coche». Es algo que le gusta destacar, sobre todo él, que ha trabajado en Vigo, «en donde antes de que se ponga en verde el semáforo ya te están pitando». Como mejoras ampliaría la oferta cultural, «soy un gran consumidor y en este caso siempre pediría más, o más paseos fluviales, y eso que tenemos uno que es un gran desconocido».

A finales del pasado siglo, dice con ironía, empezó una de las etapas laborales de las que más orgulloso se siente, Uninova, una incubadora de empresas con base tecnológica que buscaba despertar la vocación emprendedora en la universidad. «Me dijeron que buscaban un perfil raro, una persona con formación científica de base y experiencia en el sector financiero y empresarial, para un proyecto que convirtiese resultados de investigación en nuevas empresas», explica Marcos Cancelas. Era un proyecto pionero que lleva 20 años poniendo en el mercado compañías en algún caso de talla internacional, «creo que un ejemplo claro es el de Carmen Pampín, Galchimia, que vende en Australia, Alemania y Estados Unidos, y fue una de las primeras pobladoras de la incubadora», concluye.

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