El comedor de Cangas, con 120 bocas que alimentar, al borde del desahucio

El banco ha embargado al bienhechor que les cedió el local por 1 euro al año


cangas / la voz

A los responsables del único comedor social de O Morrazo ya no solo les preocupa cómo asegurar los alimentos para todos los vecinos que atienden a diario, sino que comienzan el año con la incertidumbre de no saber hasta cuándo podrán seguir preparando este sustento del que dependen a día de hoy 120 familias. «Vivimos pendientes de una llamada», confirma Ángela Rodas Castro. Y sí, la llamada que mantiene en vilo a la Asociación de Caridad Santiago Apóstol es la del banco. Este servicio, que cumple diez años y que ha tenido picos de hasta casi 400 comensales diarios, es ahora una víctima directa de la crisis que motivó su creación.

Un constructor les cedió el local en el que se prestan este y otros servicios, como el reparto de ropa, desayunos e incluso de duchas para quienes no tienen baño o agua caliente en sus casas en pleno 2019. De aquella estipularon un alquiler simbólico de un euro al año. Pero al bienhechor, la vida no le ha pagado con la misma moneda y no ha conseguido superar la crisis, por lo que el banco se ha hecho con todas sus propiedades, incluido este local de la calle Lisboa. «Él mismo nos lo contó. Estamos preocupados por el comedor, clar,o pero también afectados por él, que tanto nos ha ayudado estos años», explica Ángela Rodas. Cuando ella acudió al juzgado de Cangas para interesarse por la situación, se enteró de que justo ese día estaban subastando las propiedades del empresario en Madrid. «No tuvimos margen de reacción alguno ni nos notificaron nada», afirma. Temen esa llamada del banco pero, al parecer, hay «alguien que está intermediando y, aún confían en que la propia entidad se lo ceda o alquile a un precio que puedan soportar. Han escrito incluso una carta a la Fundación Amancio Ortega. «Porque él es como si fuera un Rey Mago. No le pedimos ayuda para nosotros ni para Cangas solo sino para todo el Morrazo», indica la remitente. Realmente esperan un rescate contrarreloj. «Que la fundación o quien sea compre este local y nos lo ceda para que podamos trabajar seguros y tranquilos sin que nadie venga a quitárnoslo», explica Ángela Rodas.

La noticia más amable para la asociación es que parece que la demanda se estabiliza, «aunque con situaciones realmente duras, difíciles y límite».

Sirven desayuno a todo aquel que aparezca por la puerta y, de media, unas cincuenta comidas de lunes a viernes. Además los martes por la tarde hacen el reparto de ropa y otro día a la semana se centran en entregar 70 bolsas de alimentos a otras tantas familias que, por diferentes razones, no pueden o prefieren no acudir al comedor. «Notamos que los tiempos empizan a mejorar. Antes no había alternativa alguna pero ahora, si se busca trabajo de verdad, se encuentra», considera la promotora de este servico. Hay otra preocupación que le quita el sueño estos días y por ello apela a la colaboración ciudadana. Una vecina de Cangas con una enfermedad invalidante que no le permite moverse ni realizar las tareas domésticas habituales, necesita con urgencia una lavadora. «Cualquiera que pueda ofrecérsela que nos llame por favor, es muy importante», insiste Rodas.

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