Cuatro chapuzones caninos en la ría

Una playa en Vigo, dos en Redondela y otra en Cangas son las opciones de residentes y turistas para ir con perro


vigo /la voz

Golfo, que fue bautizado así en honor al galán perruno de La dama y el vagabundo, nunca había pisado una playa en verano, con el sol calentando su pequeño cuerpecillo peludo. El pasado fin de semana fue toda una aventura. Lo metieron en un transportín y viajó en tren desde su casa, en A Coruña, hasta Vigo, adonde su dueña, Jessica Russo, acude con frecuencia a ver a su familia. «Planeamos un domingo especial para él. Disfrutó un montón. Al principio iba con miedo, pero luego se metió él solo en el agua», cuenta, satisfecha de poder ofrecer a su mascota un privilegio que en A Coruña se le hace mucho más complicado, ya que aunque hay dos playas para perros, «están lejos y como yo no tengo coche, no podemos ir», explica.

Los vigueses al fin pueden disfrutar este año de una playa a la que pueden llevar a sus mascotas. El Concello anunció que son dos: A Calzoa y A Foz. Y técnicamente, lo son, pero en realidad es solo una, ya que el área perruna ocupa un trozo de una y otro de la otra.

Sobre las bondades de este arenal, Jessica opina que está bastante bien, aunque le encuentra una pega. Las duchas están en la zona humana, por lo que no le puede pasar un agua al can para quitarle la sal antes de irse a casa, fresquito. «También se echan de menos más papeleras», añade. «Teniendo tantas playas es increíble que haya sido tan problemático habilitar una», razona Juana, viguesa de Coia que recuerda los pasados intentos en Toralla, donde no cuajó. A Calzoa está algo más cerca del centro y si los usuarios tienen perros pequeños, los pueden llevar en autobús urbano. Hay una parada a unos metros de la bajada a la playa. El acceso es, cuando menos, curioso, ya que lo primero que se ve en el camino es un cartel que prohíbe el acceso a los canes. En realidad, lo que indica es que está dividida en dos partes por postes de madera. Eso, del lado de la que todo el mundo conoce como playa de las barcas. Del otro lado es el río Lagares el que hace de frontera, pero no hay ninguna señalización que lo indique. De hecho, ya adentrándose en Samil hay gente con perros. «Ayer le pusieron una multa de 300 euros a una señora. Me parece una exageración y un abuso», indica Eduardo Vence, que viene desde Urzaiz. «Yo porque soy de aquí y lo he leído en la prensa, pero ponerlo, no lo pone. El Concello debería advertirlo mejor», cree.

«Los perritos están contentos»

Antes del mediodía, una mujer ya viene de vuelta con sus dos canes: Gala y Pongo, como el prolífico padre de 101 dálmatas. Su dueña, Soledad, advierte que en el camino hay restos de excrementos caninos. «Pocos, pero no debería haber ninguno. Por aquí hay vecinos contentos de tener una playa así, pero otros no. Temas como este les dan toda la razón», expresa. Por otra parte, se queja de que la playa se está achicando por razones naturales. «El río se ha adentrado en la arena y se come la mitad según vaya la marea», cuenta. «Pero los perritos están contentos y esto es mejor esto que nada. Yo vivo en Samil y lo tengo muy fácil. Para los de Teis es más complicado», reflexiona.

Otras dos mujeres abandonan la misma playa un rato después con sus mascotas, Noa y Sil. Maite Uribarri, su dueña, viene desde el centro en coche. «No es una maravilla, pero algo es algo», opina sobre la playa canina. «Hoy olía un poco. Cuando llegamos estaba muy baja la marea y en la zona de arriba, la arena está bastante sucia. Yo no me meto en ese agua ni loca. Tampoco dejamos que entren los perros, y menos, que beban», asegura. Pero como dice Eduardo, que acaba de salir de darse un chapuzón con su labrador, «esta playa está bien y espero que no siga montando broncas la gente de Coruxo, porque hay sitio para todos», opina añadiendo que el arenal no es de los mejores, pero «los hay peores y aquí vienes a que disfrute tu perro, no tú», zanja.

En la orilla también está Beatriz Roa, una joven de León que está de vacaciones en Vigo con su familia. Y de ella también forman parte sus perros Elliot y Wendy, tan pequeños que entre los dos casi no hacen uno. De hecho, cuenta que en el hotel Hesperia, donde se alojan, les cobran 22 euros por ambos cuando es el precio de uno solo. La leonesa está gratamente sorprendida por la playa. «La verdad es que pensaba que iba a ser peor porque para perros siempre dejan lo malo o lo siguiente», constata. «Pero hemos encontrado un ambiente civilizado, ordenado, y súperagradable. Lo único que me extraña es que sea tan pequeña teniendo en cuenta la cantidad de gente con perro que hemos visto que hay en Vigo. La pena es que no haya más lugares de esparcimiento canino por la zona. Por ejemplo, esta tarde queríamos ir a Baiona, pero renunciamos. Para ellos no hay nada allí».

La leonesa recuerda que hacer turismo con animales es muy caro. «Cuando viajas con perro te dejas un dineral. Y si no hay esa opción, nos vamos a otro sitio», resume. Redondela sí la tiene. En la parte central de la playa de Cesantes han habilitado una zona acotada y otro en Chapela. Los usuarios están contentos con la primera. La otra es una cala en el paseo de Cardona (pegado a Arealonga) que desaparece con la marea alta.

En el Concello de Cangas ha rectificado tras la decisión que hace un lustro prohibía presencia canina en sus arenales todo el año. El verano pasado habilitaron dos y este, la aprobada es la praia da Cunchiña, pegada a la fábrica de Massó. Es una playa de arena gruesa, pero al menos está cerca del puerto, lo que permite a los usuarios llegar en barco, donde están permitido llevar perros (atados y con bozal).

375 metros de playa

100 Cangas, 150 Redondela y 175 Vigo. Menos de medio kilómetro en un área metropolitana con más de 100 playas.

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