Pescanova conquista los mares desde Chapela y Moaña llora seis muertos

El presidente del Sindicato Nacional de la Pesca inaugura la nueva sede de la Casa del Pescador de Cangas


vigo / la voz

A mediados de julio de 1968, Pescanova ponía en el mar dos nuevos congeladores, el Gondomar y el Gelmírez. La factoría con sede en Chapela estaba en plena fase de conquista de los mares con estas unidades capaces de procesar la pesca abordo. La aventura había comenzado en 1961 con la primera expedición del Lemos al Atlántico austral. El éxito de aquella misión propició la expansión de la flota de Pescanova y un cambio de hábitos alimenticios en la población española, que fue incorporando el pescado a su dieta independientemente del lugar donde viviese. El Gelmírez y el Gondomar suponían un gran avance en la capacidad de trabajo a larga distancia de la empresa ya que eran lo mayores buques congeladores existente entonces en todo el mundo. Su tecnología permitía realizar el fileteado del pescado antes de llegar a puerto. La dirección de Pescanova anunciaba entonces que se estaban construyendo otros dos barcos de características aun superiores a las nuevas unidades. Cuando el Lemos inició sus mareas australes, estaba abriendo un sistema de pesca hasta entonces desconocido. Las mareas consistían en varios meses alejados de Galicia, llenando sus grandes bodegas con toneladas de merluza y pescadilla.

Pero en el mundo del mar no todo es prosperidad y buenas noticias. El 11 de septiembre de 1968, los habitantes de la parroquia moañesa de Meira se despertaban con una trágica noticia. Seis vecinos habían fallecido ahogados la noche anterior faenando abordo del Ángeles en la Costa da Vela. La tripulación del vapor pescaba robaliza en las proximidades de Cabo Home cuando una ola traicionera llevó el barco contra las rocas. Solo un tripulante logró salvarse. Tres de los fallecidos eran miembros de una misma familia pertenecientes a tres generaciones distintas. Un cuarto miembro de aquella familia logró salvarse. José Costas Rodríguez relató posteriormente a La Voz de Galicia: «No sé cómo me encontré en una roca, mojado, con el agua pasándome por encima del cuerpo. Debió ser una ola la que me trasladó hasta tierra firme; debió ser la misma ola que echó al Ángeles al acantilado». Curiosamente, este superviviente, que anduvo ocho kilómetros antes de encontrar ayuda, estaba de vacaciones en su servicio militar en la Armada. «Ponerme en pie y empezar a correr alocadamente. Creo que gritaba. Por fin localicé la carretera y durante 8 kilómetros caminé con todas mis ansias. Un automóvil se detuvo y me dejó en Moaña», concluyó su relato el único superviviente. El estado de la mar y la cercanía de la costa hicieron muy complicadas las tareas de rescate de los cuerpos de los fallecidos. Tres fueron recuperados en las horas inmediatas gracias a la colaboración de los propios vecinos de Meira, que una vez avisados se trasladaron rápidamente a la zona del accidente. Curiosamente, los tres desaparecidos eran los miembros de una misma familia.

Unas semanas después, en Cangas, Agustín Bárcena, presidente del Sindicato Nacional de la Pesca, procedía a inaugurar la Casa del Pescador. «En mi anterior visita me llevé una gran tristeza conmigo al visitar el antiguo local», señaló el mandatario. Y, dicho y hecho. Cangas consiguió el dinero del Estado y se pudo construir el nuevo edificio.

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