La turista medio millón entra por Tui y Cangas bota 4 pesqueros

En mayo, una helada estropea las cosechas de O Condado y deja pérdidas por valor de 150 millones de pesetas


vigo / la voz

El puente diseñado por Pelayo Mancebo y Ágreda era, a todos los efectos, la frontera internacional entre Portugal y España en 1967. El cruce del río Miño en Tui podía convertirse en un trámite sencillo o en una enorme espera. En agosto, Manuela de Castro Riveiro da Silva vivió la cara más amable del lugar. El delegado de Información y Turismo la esperaba en el lado español con un ramo de flores. El motivo era una cuestión numérica: se había convertido en el turista medio millón en cruzar esta frontera.

Tres meses antes, una helada se llevaba por delante las cosechas en la comarca de O Condado. «Serán casi nulas en los próximos dos años», tituló en portada La Voz. Las primeras estimaciones cuantificaban las pérdidas en los 102 millones de pesetas, pero a los pocos días ya ascendía el balance negativo a los 150 millones. Las hermandades de labradores y ganaderos de Ponteareas, Salvaterra, As Neves y Salceda iniciaban una serie de contactos con las autoridades locales y provinciales para solicitar ayudas ante aquel desastre que estropeó las cosechas de vino, patatas, frutales y huerta en general.

Ese mismo año, en septiembre, la historia de Redondela ganaba uno de los campos de mámoas más grandes que existen en toda Galicia. Un grupo de expertos empezaban a localizar estos vestigios megalíticos en lo que entonces se conocía como monte Cabeiro. Sin embargo, en Chapela, el párroco Juan Blanco enviaba una carta a La Voz de Galicia para denunciar las graves carencias en servicios que presentaba esta localidad. Decía el sacerdote que seis mil personas carecerían de servicios tan básicos como el alumbrado. De aquella ausencia de luz se libraban pocos meses antes los vecinos del barrio de Rozados, en Chandebrito. La inversión de 150.000 pesetas permitió tender el suministro eléctrico a esta zona de Nigrán.

Por su parte, en Cangas estaban de enhorabuena. El 19 de septiembre eran botados cuatro pesqueros para cooperativas locales. Se trataba de la serie compuesta por Noso Lar, Nosa Cantiga, Noso Agarimo y Nosa Terra.

Diez pesetas durante los días laborables o veinte pesetas los fines de semana era el precio que se ponía en abril a las visitas al interior del parador de Baiona, que se había abierto un año antes. La razón de la entrada se achacaba a la necesidad de garantizar la tranquilidad a los huéspedes.

Quizá por ello, ese mismo mes se ponía en cuestión en A Guarda el precio de cuatro pesetas que se cobraba a quienes visitaban el monte Trega.

El de 1967 fue también un año de creación de numerosos centros escolares en toda la provincia. La Dirección General de Enseñanza Media concedía el dinero para implantar el bachillerato femenino en el Instituto Técnico San Pelayo de Tui. El propio alcalde de Redondela, Otero Rey, anunciaba la concesión de 45 millones de pesetas para la construcción de escuelas en el centro de la villa, Cabeiro, Vilar, Reboreda y Cesantes.

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